miércoles, 11 de enero de 2017

Mi hijo tiene temor a iniciar los estudios



Comparto el texto de la temática que compartí este día en el programa "Viva la Mañana".


El temor al iniciar un proyecto o un trabajo, o en este caso, iniciar los estudios es absolutamente normal en los niños y adolescentes, pues el futuro nos genera algún grado de incertidumbre. "¿Qué clase de maestros tendré?" "¿Cómo serán mis compañeros?" "¿Con quiénes voy a tocar?". Todos sentimos ese “nerviosismo” por comenzar el primer día de clases, y como estudiantes, todos experimentamos ese estado de prudencia, de observación, de atención más allá de lo que acostumbramos normalmente.

Esta incertidumbre se acentúa especialmente cuando uno es “nuevo” en una institución educativa. El pensar si se encontrará con compañeros con quiénes simpatizar, o no saber si se está a la altura de las exigencias de un nuevo colegio es parte de esa inseguridad. El experimentarla es absolutamente normal, hasta ciertos niveles tolerables, y puede que al cabo de unos días, esa sensación desaparezca, pero si el temor persiste o si se transforma en pánico, es recomendable sentarse y dialogar con nuestro hijo.

Generalmente, uno juzga a partir de sus propias experiencias, y tildar al niño o al joven de “miedoso” o de “perezoso” porque nos parece exagerado su temor, es un error que no podemos cometer. Es indispensable dedicar un espacio y un momento oportuno para explorar los sentimientos y razones que tiene nuestro hijo para saber a qué específicamente le teme. Probablemente el joven pasó un episodio traumático en la escuela con algún miembro de la comunidad educativa. Quizá exista algún sentimiento de rechazo hacia algún compañero o maestro, o definitivamente el estilo de enseñanza de la institución no coincide con los ritmos y necesidades de aprendizaje del alumno.

Si el temor persiste, es muy probable que el estudiante no tenga un rendimiento satisfactorio en la escuela. La comodidad, la estabilidad, el agrado es un factor determinante para que los estudiantes obtengan buenos resultados. En cambio, la apatía, el temor, el rechazo, son los detonantes claves que auguran un seguro fracaso escolar.

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