miércoles, 13 de enero de 2021

Acuerdos de Paz y la memoria del moscardón

 

La comunicación política del presidente Bukele siempre se ha caracterizado por apelar más a los sentimientos que a la razón. Explotar la animadversión hacia los partidos tradicionales (y universidades, instituciones del estado, algunas ONG y hasta organismos internacionales) es una de las estrategias mejor usadas para quitar el reflector sobre una gestión que pareciera seguir el guion de “los mismos de siempre”, y donde lo único nuevo son sus actores de reparto (a excepción de algunos cuantos, como Walter Araujo, quien pretende reengancharse por quinta vez de un curul).

Hablo del gobierno de la esperanza con gorra y camiseta celeste, donde políticos reciclados no nos prometen otra cosa más que “tener el cordón umbilical pegado al presidente”. No hace falta pensar, ni discutir, ni reflexionar sobre las propuestas y planes estratégicos de cada candidato. ¿Para qué? Como si de una película postapocalíptica se tratara, una enorme masa de autómatas repite un discurso que ha sido reiterado hasta el hartazgo desde 2019: “los mismos de siempre van para afuera”.

Pero, ¿quiénes son los “mismos de siempre”? ¿Será Francisco Alabí, quien mejoró la vida de sus familiares con la compra de 26 mil pares de botas para el personal médico? ¿O Koky AguilarCarolina RecinosAlejandro Zelaya, familiares y amigos beneficiados por su cercanía con Bukele? Porque, debemos admitirlo: las nuevas ideas son invencibles, siempre y cuando la Corte de Cuentas, la Fiscalía General de la República, el Instituto de Acceso a la Información Pública, la prensa y las universidades, no se metan con ellas.

Incluso los Acuerdos de Paz no lograron salvarse de los zarpazos del poder. Sabemos que la arbitrariedad es el corazón de la violación de los derechos humanos, y que este gobierno se caracteriza por ser arbitrario, pero ¿deslegitimar procesos históricos de nación y reducirlos a discurso de mitin no es también una muestra de perversidad extrema? La etiqueta #ProhibidoOlvidarSV surge precisamente como respuesta al desprecio gubernamental por un proceso que significó un antes y un después para los salvadoreños, con sus fortalezas y debilidades, por supuesto, como todo proceso humano.

Pareciera que estos políticos poseen la denominada “memoria de moscardón”. Ese insecto que “choca cada dos segundos contra el mismo cristal porque a los dos segundos ya olvidó la existencia de éste”, como señala Horacio Castellanos Moya en una de sus novelas más conocidas. O a lo mejor no son nada desmemoriados como imaginamos: sencillamente buscan reinterpretar la historia con claros fines electorales. Rastrero, pero el fin justifica los medios.

Tarde o temprano, ese discurso llano de división e intolerancia les pasará factura a “los mismos de siempre 2.0”, como se reflejó recientemente con la derrota de Donald Trump. Promover división y miedo no es algo nuevo en nuestra historia contemporánea. De hecho, ya sabemos cómo terminan esa clase de regímenes autoritarios y con vocación antidemocrática.

Apelamos pues, a la sabiduría de los votantes para que comprendan que el nepotismo, la poca transparencia, la corrupción y la confrontación no son cosas del pasado: los estamos viviendo también en el presente, aunque la propaganda oficial se desviva por ocultarlo. Porque apoyar a un gobierno que nos imponga el olvido, que ataque a los defensores de derechos humanos, a la academia, a la gente que ofreció su vida para que tuviéramos las libertades que hoy gozamos, es olvidarse de las lecciones aprendidas en el pasado. Sería como chocar contra un cristal que nos deslumbra, y olvidarnos del peligro que para nuestras vidas representa. Sería rompernos la cabeza contra el mismo vidrio pintado de celeste, tropezar con la misma piedra, meternos en el mismo hoyo, y en ese caso, los moscardones seríamos nosotros.

 


martes, 24 de noviembre de 2020

El reto de una reforma educativa en El Salvador

Publicado en Contrapunto.

Decir que esta pandemia vino a desnudar las falencias de nuestro sistema educativo público no sería nada nuevo. Las carencias de la escuela salvadoreña son crónicas, y se han venido arrastrando desde hace décadas: pocas habilidades tecnológicas de los más de 30 mil maestros en servicio, carencia de equipo tecnológico adecuado, falta de recursos como internet y computadoras, son sólo algunos ejemplos.

En conversaciones con amigos y profesionales de la educación, hemos analizado la posibilidad de resumir los retos de la educación pública, luego de la pandemia, en una sola y perentoria apuesta: promover una reforma educativa acorde a las necesidades y exigencias de nuestra sociedad en el siglo XXI.

Esta reforma debería iniciar con la dotación de los recursos necesarios para un aprovechamiento académico exitoso en todas las instituciones públicas. Por ejemplo, sólo el 20% de las escuelas cuentan con una biblioteca escolar, el 25% de ellas poseen acceso a internet, y sólo el 40% cuenta con un centro de cómputo, según fuentes del Ministerio de Educación. En otras palabras, nuestras instituciones necesitan convertirse, en primer lugar, en centros de estudio equipados para garantizar la adquisición de habilidades básicas y tecnológicas de nuestros niños y niñas, además de contar con una infraestructura adecuada y en buen estado.

En segundo lugar, es inevitable una actualización curricular. El documento de la Unesco titulado “Educación y habilidades para el siglo XXI” hace énfasis en la necesidad de formular un currículo pertinente que favorezca la producción científica e investigativa, así como el desarrollo de una conciencia crítica en los maestros y estudiantes. Luego de esta crisis, resulta imprescindible desarrollar en nuestra niñez habilidades blandas como la empatía, la comunicación asertiva y la mediación para la resolución de conflictos, así como la toma de conciencia del valor de nuestros recursos naturales (alfabetización ecológica). Hasta la fecha, seguimos formando ciudadanos con muy poca lectura y con un enorme desconocimiento de nuestra historia nacional, sin capacidades creativas, ni reflexivas ni críticas… precisamente las habilidades que el Global Education and Skills Forum 2018 recomienda fomentar.

Por último, y no menos importante: el recurso humano. No se trata sólo de educadores en servicio, sino de profesionales de la salud mental y artistas que deberían ser un pilar fundamental dentro de nuestro sistema educativo. Casi un centenar de psicólogos están disponibles para más de un millón de estudiantes y existe una carencia de más 3,000 maestros de educación artística en las aulas salvadoreñas. La formación y actualización académica es otro tema que debería abordarse: casi un 80% de colegas tienen únicamente estudios de profesorado, mientras que el resto posee título de licenciatura o de maestría.

Iniciar esta reforma educativa implicaría no sólo un mayor presupuesto para esta área, sino una serie de diálogos y consultas con amplia participación de sectores académicos y fuerzas vivas de la sociedad. Un diálogo que debería liderar la ministra Carla Hananía de Varela a la mayor brevedad posible.

¿Computadoras para maestros y estudiantes?

Dudo que un ordenador pueda aprovecharse al máximo si nuestros estudiantes apenas poseen habilidades de escritura y la lectura comprensiva o cuando el tema de la jubilación y retiro digno está en la mente de miles de colegas con más de 30 años de servicio. Si bien es cierto, este año se han capacitado casi 30,000 maestros en el uso y manejo de Google Classroom, esto podría no ser suficiente si las herramientas no van de la mano con una mayor formación profesional y un incentivo salarial acorde a la experiencia y grado académico del formador, y no manera generalizada como pretenden hacerlo el ejecutivo para el próximo año.

No podemos construir una casa sin antes trabajar bien sus cimientos. Cualquier propuesta que se formule sin una base técnica, legal y sin acuerdos entre los actores educativos, vendría a ser un parche más que poco impactará en el desarrollo humano de las y los salvadoreños.


martes, 25 de agosto de 2020

Más que computadoras, necesitamos lectura en la escuela salvadoreña

 


Texto publicado en Contrapunto

Para Sánchez Lihón (1997) leer es otorgar significado a hechos, cosas y fenómenos con el fin de conocer y comprender una realidad y ubicarnos en ella. Así, por ejemplo, podemos leer un partido de fútbol, las intenciones de un grupo de personas, o las impresiones que provocamos en el rostro de otro ser humano. Leer es estar alerta ante estos signos del mundo y apropiarnos de sus riquezas. Leer de algún modo es también humanizarnos.

Alberto Masferrer, maestro y filósofo salvadoreño, señaló que el problema de la lectura era el primero que deberíamos tratar en nuestra vida intelectual como salvadoreños. No solo para conocer nuestra realidad sino también para conocernos a nosotros mismos. “Una nación inculta es una nación fácil de manipular y de dominar”, escribiría en 1917 en su ensayo “Leer y escribir”.

El libro, este valioso recurso que Borges denominó como “extensión de la memoria y la imaginación humana”, no ha sido del todo asequible durante los últimos años en nuestro sistema educativo salvadoreño. La emblemática “Colección Cipotes”, por ejemplo, no volvió a ser reimpresa desde los gobiernos del FMLN. Esta serie, que fue un apoyo fundamental para el aprovechamiento académico de las asignaturas básicas desde los años 90, fue relegada al olvido. Los centros educativos públicos no volvieron a contar con un libro de apoyo, o al menos, con un libro que sirviera como base para estimular el aprendizaje de las diferentes materias básicas.  

En el año 2015 el presidente Salvador Sánchez Cerén lanzó el programa presidencial “Lectura para la vida”, un plan que ofreció a la población estudiantil lecturas de autores salvadoreños con el fin de “garantizar el rescate de nuestra identidad cultural”. Esta iniciativa se concretó con la impresión de 175,000 libros que fueron entregados a estudiantes de educación media sin ningún criterio definido, sin darle mayor seguimiento ni monitorear el aprovechamiento académico que esta inversión educativa supondría. Sencillamente fueron entregados para que la juventud leyera durante sus vacaciones de fin de año. Así, sin más.

Algo totalmente distinto ocurrió con la aparición de libreta educativa “Lluvia de Estrellas” en 2016. Esta herramienta didáctica vio la luz con 200,000 ejemplares destinados a estudiantes de educación parvularia, niños y niñas que están aprendiendo descifrar el mundo, a otorgarle significado a un dibujo, a una sílaba, a una palabra, y que ven en la lectura una forma más de descubrimiento y asombro. Afortunadamente, desde su aparición, la libreta ha seguido utilizándose de manera innovadora por miles de maestras de educación inicial y parvularia. Incluso, ha servido de insumo para crear una serie animada por el proyecto Tatukatv; y ha sido un apoyo fundamental para los padres y madres de familia en el marco de la estrategia de continuidad educativa.

Si bien, dotar de libros a la niñez y juventud salvadoreña es un hecho importante, no podemos olvidarnos de los espacios y actores educativos que pueden desarrollar el hábito de esta práctica. Algo sucede en un sistema educativo donde 2 de cada 10 escuelas tienen biblioteca (entendiendo que una biblioteca es algo más que un cuarto lleno de libros). Algo sucede en los primeros años de educación básica donde el estudiante aprendió a leer, pero no se le impulsó a continuar leyendo, ni se le perfeccionó como un lector competente. Tampoco se le dan las condiciones para continuar construyéndose a través de la lectura o incluso, a través de la escritura. ¿Existen modelos lectores en casa? ¿Cuántos libros tiene una escuela? ¿Cuántos minutos de lectura tienen los alumnos a diario? ¿Cómo los docentes y bibliotecarios fomentan la lectura e investigación en la comunidad educativa? Estas son preguntas necesarias que debimos plantearnos hace algunas décadas atrás.

La libreta “Lluvia de Estrellas” es un buen inicio, pero sin seguimiento, sin libros en los demás niveles, sin procesos, sin bibliotecas y con maestros si recursos ni metodologías adecuadas, poco o nada hacemos para que nuestra niñez desarrolle sus habilidades y se perfilen como lectores competentes. Es por ello que no nos resulta extraño encontrar a muchos jóvenes en bachillerato que no leen, que no comprenden lo que leen, que no les entusiasma, porque, en realidad, nunca encontraron los estímulos, ni los materiales ni las condiciones para continuar desarrollando sus procesos lectores: no hallaron el entusiasmo para seguir maravillándose a través de la lectura, para continuar comprendiendo y reflexionando sobre la vida, su entorno, su pasado y su futuro.

Más que una computadora, creo que una mayor inversión en materiales educativos, más libros, más y mejores bibliotecas, programas educativos encaminados a fomentar la lectura, son algunos de los principales desafíos que el Ministerio de Educación deberá resolver en estos próximos cuatro años.

Como sostiene el maestro Masferrer, nos urge formar ciudadanos reflexivos, críticos, solidarios y empáticos, y esto se logra sólo a través de una lectura constante y comprensiva.

 

Sánchez Lihón, Danilo: lectura, conceptos y procesos, en Caminos a la Lectura, de Editorial Pax México, 1997.

domingo, 19 de julio de 2020

Los docentes también son héroes en esta pandemia



Texto publicado en Disruptiva.

El reconocimiento al trabajo que realizan los cuerpos de seguridad y personal de salud durante la presente crisis ha sido evidente, y con justa razón: son héroes y heroínas en primera línea, a pesar de los pocos recursos con los que cuentan, a pesar de la amenaza latente de contagiarse y morir por Covid-19. Sin embargo, dentro de la estrategia comunicacional del gobierno no se percibe una valoración similar al trabajo de otro sector que está luchando para garantizar el derecho a la educación y la salud mental de miles de niños, niñas y adolescentes: las y los profesionales en educación. 
El liderazgo asumido por cientos de directores, por ejemplo, es digno de admirar. En este momento, muchos se encuentran gestionando la entrega de guías a estudiantes sin conectividad, organizando entregas de alimento, brindando indicaciones al personal docente, recogiendo datos para las departamentales de educación, coordinando el registro de calificaciones. Todo esto para garantizar la continuidad educativa y brindar acompañamiento cercano a sus comunidades. Hoy más que nunca, el liderazgo y la comunicación efectiva nunca habían sido más necesarias, máxime en comunidades donde los servicios del Estado son precarios y la conectividad es casi nula. 
Por otro lado, el compromiso asumido por miles de maestros es digno al menos de un spot de cinco minutos: la explicación de las guías proporcionadas por el Ministerio de Educación (Mined), la elaboración de videotutoriales, clases en línea, revisión de tareas, consultas a cualquier hora del día, son parte de las tareas que muchos colegas están llevando a cabo en este preciso instante. Según datos de la Encuesta a Docentes en Emergencia por Covid19, el 83% de los docentes han logrado establecer contacto con su grupo de alumnos, y el 74.9% continúa en contacto constante con ellos a través de su aparato celular, auxiliado de whatsapp y redes sociales.  

Educar en crisis ha significado guiar a los estudiantes y padres de familia en el manejo de las nuevas tecnologías y en el manejo de las emociones. Directores, docentes y psicólogos del sector privado y público se han visto en la necesidad de aprender, de la noche a la mañana, a utilizar diversas aplicaciones tecnológicas y a brindar un acompañamiento socioafectivo a estudiantes y padres incluso a costa de sus mismos recursos (computadoras, teléfonos, energía eléctrica e internet). Al igual que el sector Salud, el sector Educación ha tenido que aprender rápido e improvisar para garantizar los aprendizajes de millones de niños y niñas en medio de la incertidumbre, a pesar del incremento del número de deserciones escolaresa pesar de la disminución salarial que han experimentado las y los maestros de pequeños colegios privados que han asumido valientemente su labor a pesar de que algunos padres de familia se resisten a pagar la colegiatura, ya sea porque las prioridades en el hogar han cambiado o porque ha perdido sus empleos. 
No podemos dejar de lado a los profesionales de la salud mental y trabajadores sociales que también están haciendo lo suyo en las distintas municipalidades.  También son héroes y heroínas. 
Es por todo esto y más que el sector docente no solo merece que se le otorgue un reconocimiento público, sino mayor autonomía en su poder de decisión dentro de sus comunidades, un mayor acercamiento por parte de las autoridades del Mined para que lideren un constante diálogo efectivo y gestionar, ¿por qué no? hasta un subsidio a aquellos maestros de colegios privados pequeños para que puedan solventar sus necesidades más inmediatas.
Aplaudo a mis colegas docentes, amigos directores, psicólogos y psicólogas, a los maestros de mis hijos, quienes están dejando el alma por el bien de nuestra niñez y juventud salvadoreña, a pesar de que no se les reconozca o les tilde de locos o exagerados. Hoy más que nunca, los docentes también son héroes, y es perentorio comenzar a decirlo, reconocerlo y valorarlo. 

martes, 30 de junio de 2020

Poemas para confinados


Han pasado tres meses de confinamiento. Tres meses desde que la normalidad del país se rompió y nuestras hábitos fueron sustituidos por otros nuevos: saludar con los codos, portar mascarilla, evitar acercarnos o peor aún, intentar tocarnos y abrazarnos. 

A pesar de todo, he sabido sacar oro de este aislamiento y he invertido horas en lecturas y nuevos proyectos educativos y narrativos. Para mí todo esto fue una sorpresa, debo admitirlo, porque me permitió concentrarme en actividades más creativas, a reconectar con viejas amistades y permitirme un espacio para la experimentación y la autoexploración.

Hace unas semanas, Revista La Zebra publicó unos textos que justamente nacieron de esa experiencia creativa y que recibieron por nombre "Poemas para confinados". Guardo la esperanza de desarrollar una propuesta poética en una sola unidad y retomar los temas que saltan a la vista en dichos versos. Agradezco a Jorge Ávalos por el espacio y la confianza y a Alberto López Serrano por permitirme compartirlos en el miércoles de poesía del día de mañana.

La patria del ridículo

Habitamos una tierra de nadie
una tierra extraña
donde año con año plantan su carpa los eternos titiriteros
meten sus clavos en la entraña de nuestros hijos
y martillan rabiosos
con la sonrisa estampada en la mirada
Vienen a cambiarnos la vida, dicen
aseguran un regalo para nuestros ojos
y si realmente creemos
podremos hacer esos sueños
una entera realidad para nuestra carne
Se visten de lino
se pintan la cara
y nos presentan el estrafalario circo de las pulgas
y en medio de su sonrisa ridícula y atroz
nos narran, con altibajos, las proezas de sus alimañas
nos gritan en la cara sus acrobacias
y nos exhortan
a que imitemos sus portentos
porque nosotros también somos (ellos bien lo saben)
hijos de la pulga
el piojo
la lombriz
y la cucaracha.
Y mientras nos cantan sus canciones de feria
mientras nos muestran sus títeres siniestros
y danzan y lanzan

papelitos que la audiencia come
como palomitas de maíz
nos envuelven en su telaraña de ideas infinitas.
“Estas ideas son maravillosas”, sentencian
al mismo tiempo que nos sacan de los bolsillos
las pocas monedas que nos quedan para soportar el hambre de las horas
nos sustraen los sueños
mientras depositan en nuestras manos
un espejo para reírnos de lo que hallamos
en el fondo de su reflejo
“Respetaréis estas ideas”, dicen
mientras levantan su carpa
y nos anudan con sus lazos y correas
“¡Respetaréis las ideas!”
gritan
“¡Respetaréis!”
gruñen, mientras se alejaban afanosos,
sin dejar de apuntar con sus cañones de ensueños celestiales
Y así
se marchan
dejando a los habitantes de aquella extraña tierra
con una enorme sensación de desasosiego
deseando olvidar
por al menos unos cuantos años
la enorme vergüenza que les carcome la cara
anhelando a que llegue otro nuevo circo
que nos haga reír y olvidar
al menos por unos instantes
los días de miseria y desencuentros
que nos dejaran los actores del circo anterior.

viernes, 1 de mayo de 2020

Adopté a un perrito abandonado

A finales del año pasado, en medio de una actividad educativa con mis estudiantes de quinto grado, nos topamos con un perrito abandonado. Digo que estaba abandonado porque se encontraba en un lugar donde no debía estar: en medio de nuestro huerto escolar.

Las indagaciones nos llevaron a concluir que el animal procedía del mercado de San Ramón, a unos pasos de donde se halla nuestro huerto. Una de las vendedoras lo había encontrado semanas atrás, lo adoptó, pero decidió abandonarlo luego de que un gato le sacara un ojito. El perrito se encontraba herido, con su ojo todavía colgando de su cuenca.


Yo no estaba en condiciones de adoptar a un perrito. Pensé que sería difícil cuidarlo y brindarle todas las atenciones que necesitaba. Ese día me fui con la esperanza de que alguien de buen corazón se apiadaría de él y se lo llevaría (esa esperanza cómoda que nos impide actuar en el momento), y así pasé el martes, miércoles y jueves.

El viernes comprobé que el animal seguía ahí, sufriendo, con su ojo totalmente infectado y en peor estado de como se hallaba el lunes, entonces tomé la decisión de llevarlo a una veterinaria para que lo trataran de emergencia y lo curaran. Pensé que luego decidiría qué hacer con él.

A veces el destino nos obliga a tomar ciertas decisiones, y el corazón nos dicta cuál es la correcta. Yo supe que no podía dejar a ese cachorro ahí, a esperar que se muriera de una infección y malnutrición. Tampoco podía seguir con la esperanza de que alguien llegara a traerlo. Por eso, al día siguiente,  llegamos con Ruth y lo llevamos para que recibiera asistencia médica.



Julián Alegría de la veterinaria Modelo nos recibió amablemente y decidió intervenirlo. Debo decir que hizo un gran trabajo. El perrito salió muy bien de la operación, y luego de un par de días, una vez recuperado, decidimos adoptarlo y llamarle Capi.



No fue una decisión fácil, porque ambos sabíamos de los cuidados que requiere tener un perro; sin embargo, nos arreglamos y vimos con buenos ojos el comportamiento amable del animal. Es un perrito muy educado, juguetón y cariñoso, y no tardó mucho en conquistarnos el corazón.

Después de meses de cuidados y atenciones puedo decir que Capi se encuentra gozando de buena salud. Ha subido de peso y cumple sus funciones de perro guardián (sabe ganarse muy bien sus tortillas), y tengo que admitir que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Capi ahora es parte de nuestra familia. Muchos amigos lo conocen ya. Otros, nos aportaron mucho en su proceso de recuperación (a esos amigos les estaremos eternamente agradecidos). No sabemos mucho de su vida pasada, calculamos que tiene de 2 a 3 años, pero de lo que sí estoy seguro es que ha traído compañía y cariño a nuestro hogar.


Dejo estas palabras como experiencia positiva para quienes tienen pensado adoptar algún cachorro. Estos animales están necesitados de amor y cariño, y saben retribuir esas atenciones en un 100%

Capi ha cambiado nuestras vidas. Aveces me pregunto si fue él quien nos rescató a nosotros. 

lunes, 27 de abril de 2020

Desafíos de nuestro sistema educativo, luego del Covid-19


Nadie puede negar los profundos cambios que dejará la pandemia del COVID-19 en nuestras sociedades una vez que termine. Tampoco podemos ignorar que este virus ha puesto a prueba a nuestras instituciones públicas, nuestro sistema económico, de salud, y por supuesto, nuestro sistema educativo. 

Dicho impacto debería llevarnos a reflexionar sobre algunos aspectos que caracterizan a nuestra educación pública y que convendría mejorar durante la etapa postpandemia. Sé que a lo mejor es demasiado pronto para hacer este tipo de valoraciones; sin embargo, hay elementos que deben considerarse en la marcha y que deberían repensarse. 

Ante la emergencia, ¿cómo ha sido la capacidad de respuesta de la escuela pública? ¿Con qué recursos, herramientas y asignaturas deberíamos contar o mejorar una vez termine esta situación de aislamiento? 

Analicemos el recurso humano. La edad promedio de las y los docentes en el sistema público, según esta investigación publicada en la UCR, es de 46 años. Podemos decir que contamos con una planta docente bastante madura. En el centro educativo donde me desempeño, por mencionar un ejemplo, solo dos docentes somos menores de 40 años, mientras que mis diez colegas restantes rondan los 50. En cuanto a la formación académica, un 71.74 % de las y los docentes cuentan con el grado de profesor, y sólo el 21.76 % tienen el grado de licenciatura, según el boletín estadístico N° 16 del año 2018 del Ministerio de Educación, MINED; mientras que los colegas que poseen un posgrado no llegan ni al 1 %. Podríamos interpretar, pues, que el nivel académico del magisterio nacional es bastante bajo, tomando en cuenta que los años de formación para optar por el título de profesor son solo tres. Si bien, el MINED cuenta con un Plan de Formación Docente orientado a formar especialistas en distintas áreas, dicho proceso no cuenta con una participación masiva de maestros. Tampoco se implementan capacitaciones para desarrollar habilidades tecnológicas e informáticas, como el manejo de programas educativos, herramientas tecnológicas, plataformas educativas, entre otras. El reto, en este caso, es renovar la planta docente y especializarla no sólo en las áreas disciplinares del programa, sino en el manejo de la tecnología como apoyo didáctico. 

Este año tuvimos dos excelentes oportunidades para que los maestros en edad de retiro se jubilaran y dieran espacio a maestros jóvenes. Lamentablemente, el ejecutivo vetó las reformas a la Ley de la Carrera Docente que impidieron que esto se pusiera en marcha. 

 En cuanto a las herramientas tecnológicas, la ministra Carla Hananía de Varela reportó hace algunos meses que los centros educativos que cuentan con internet son solamente el 25 %, y que su apuesta para este año será ampliarla al 52 %. Sin embargo, hasta el momento el MINED no cuenta con una plataforma virtual para el acompañamiento educativo en casa; mucho menos con un centro de cómputo o aula informática en las escuelas, pues sólo el 29 % de las instituciones cuenta con este recurso. ¿Se imaginan nuestro sistema educativo totalmente virtualizado? Esa ha sido una de las apuestas que pretende llevar a cabo el presente gobierno, y esperaría que comenzaran a implementarla lo antes posible. 

Otro reto por considerar es el desarrollo de competencias socioemocionales en nuestra comunidad educativa. Hasta la fecha, no he logrado identificar asignaturas ni contenidos en nuestros programas de estudio que nos orienten al fortalecer la empatía, el autocontrol, el trabajo colaborativo, la resolución de conflictos, entre otros. Edgar Morin, en su libro “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” nos plantea la necesidad de saber enfrentar las incertidumbres. La situación que estamos viviendo hoy en día genera zozobra, ansiedad, ¿no deberíamos saber gestionarla? ¿No convendría mejorar nuestra capacidad de abordar las problemáticas de nuestra comunidad desde una dimensión social y ética? Es perentorio, pues, reorganizar el currículo y adaptarlo para educar en convivencia e interdependencia social. 

Por otro lado, estamos siendo testigos de un resurgimiento maravilloso de la naturaleza: ríos, lagos y playas menos contaminadas, distintas especies salvajes en un espacio libre de la depredación humana, menos emisiones de CO2… la pregunta del millón es: ¿estamos educando para esto? Sería el momento oportuno para adecuar también nuestros programas educativos y comenzar a potenciar temas como la conservación y protección de la biodiversidad en nuestro entorno. 

Me parece urgente hacer estas y otras consideraciones sobre los cambios que se vienen y la forma de superarlos satisfactoriamente. Suponer que la vida, tal y como la conocemos, no cambiará luego de esta crisis sería totalmente ingenuo. Es de esperarse, por tanto, que para iniciar estos cambios se cuente con una mayor carga presupuestaria para el MINED para el próximo año fiscal. 

En el Plan Educativo Cuscatlán, afortunadamente, hay cabida para estas y otras reformas, puesto que sus prioridades son: la dignificación docente; la pertinencia pedagógica y curricular holística; el fortalecimiento de la gestión instituciona; innovación de la legislación educativa; y tecnologías e innovación educativa. Para finalizar, pienso que esta cuarentena debería ser vista como una oportunidad para reflexionar y hacer de nuestra escuela pública un espacio más efectivo para el aprendizaje, o incluso, ir un poco más allá e involucrar a la televisión y radio estatal para que vuelvan a ser un poco más culturales y educativas. 

Esperemos que cuando la emergencia termine, las autoridades del MINED hagan esta misma reflexión y sienten las bases para iniciar con estos y otros cambios pertinentes para la educación de la niñez y juventud salvadoreña.

Texto publicado en Disruptiva.

Acuerdos de Paz y la memoria del moscardón

  La comunicación política del presidente Bukele siempre se ha caracterizado por apelar más a los sentimientos que a la razón. Explotar la a...