martes, 24 de enero de 2017

Poemas catárticos

Textos sin ninguna intención artística. Pura catarsis, nada más.

Corre

Corre, amor mío,
tan lejos hasta donde tu culpa te arrastre,
tan lejos hasta donde tu orgullo te lo permita
y puedas ocultarte del manto de la deshonra.

Yo estaré aquí, en esta casa del reposo,
contemplando tu entera desnudez y tu vergüenza,
y viviendo en el hueco que dejas en el vacío de las horas 
y del insomnio.

Ve y habita otros cuerpos,
otros alientos,
otras razones
y refúgiate en el olvido de otros besos,
si es que esos besos llegan,
si es que el olvido toma parte también contigo,
porque la memoria es perra y la costumbre ruda,
y la vida da justas cuentas
de lo que a cada uno nos toca.


Cansancio

Estas grietas están cansadas de gritar el mismo grito
cansadas del susurro
del ahogo
cansadas del cansancio mismo
y de los bostezos de los transeúntes
     que se quedan dormidos en las lápidas y cruces
de esos sueños que algún día debieron ser
     y no fueron.


31 días

Han pasado 31 días
y ya no puedo llamarte “puta”
porque mi corazón está cansado de maldecirte
y ahora
se me ha hecho un ancla con tus recuerdos
y la mayoría de ellos
      han sido felices.

Por eso, inevitablemente
estás ahora en cada oración de la mañana
en cada mujer que me saluda
en cada capítulo de la serie que vivimos
en cada vereda que caminaste
en cada buena noticia
        de la que jamás te vas a enterar.

Ahora brindo sobre tu lápida de acero, mujer
por cada recuerdo que quedó sellado con un beso
por las cuentas que jamás saldaste
por el hijo que jamás tuvimos
por el futuro que iba a ser
      y no fue.

Han pasado 31 días
y ya no puedo llamarte “puta”
la furia se me ha escurrido en llanto
y ahora
tengo una sensación de lástima por ti
un poco de pena
un tanto de ternura
y un sentimiento de agradecimiento eterno
por todas las cosas que aprendí de ti.

miércoles, 11 de enero de 2017

Mi hijo tiene temor a iniciar los estudios



Comparto el texto de la temática que compartí este día en el programa "Viva la Mañana".


El temor al iniciar un proyecto o un trabajo, o en este caso, iniciar los estudios es absolutamente normal en los niños y adolescentes, pues el futuro nos genera algún grado de incertidumbre. "¿Qué clase de maestros tendré?" "¿Cómo serán mis compañeros?" "¿Con quiénes voy a tocar?". Todos sentimos ese “nerviosismo” por comenzar el primer día de clases, y como estudiantes, todos experimentamos ese estado de prudencia, de observación, de atención más allá de lo que acostumbramos normalmente.

Esta incertidumbre se acentúa especialmente cuando uno es “nuevo” en una institución educativa. El pensar si se encontrará con compañeros con quiénes simpatizar, o no saber si se está a la altura de las exigencias de un nuevo colegio es parte de esa inseguridad. El experimentarla es absolutamente normal, hasta ciertos niveles tolerables, y puede que al cabo de unos días, esa sensación desaparezca, pero si el temor persiste o si se transforma en pánico, es recomendable sentarse y dialogar con nuestro hijo.

Generalmente, uno juzga a partir de sus propias experiencias, y tildar al niño o al joven de “miedoso” o de “perezoso” porque nos parece exagerado su temor, es un error que no podemos cometer. Es indispensable dedicar un espacio y un momento oportuno para explorar los sentimientos y razones que tiene nuestro hijo para saber a qué específicamente le teme. Probablemente el joven pasó un episodio traumático en la escuela con algún miembro de la comunidad educativa. Quizá exista algún sentimiento de rechazo hacia algún compañero o maestro, o definitivamente el estilo de enseñanza de la institución no coincide con los ritmos y necesidades de aprendizaje del alumno.

Si el temor persiste, es muy probable que el estudiante no tenga un rendimiento satisfactorio en la escuela. La comodidad, la estabilidad, el agrado es un factor determinante para que los estudiantes obtengan buenos resultados. En cambio, la apatía, el temor, el rechazo, son los detonantes claves que auguran un seguro fracaso escolar.

viernes, 6 de enero de 2017

Charla con dos niños limpiaparabrisas


Me topé con ellos en la avenida Olímpica, antes de llegar a la alameda Manuel Enrique Araujo. Se me acercaron para pedirme una moneda y yo aproveché para sacarles un poco de plática mientras esperaba a alguien. Viven en una comunidad que identificaron como la "Barrios", pero son originarios del puerto de La Libertad. El más pequeño estudia tercer grado. El chico de gorra no me dijo nada. A lo mejor pasa todo el día en el semáforo y no está inscrito en ninguna escuela. Tienen que reunir como mínimo $10.00 en una jornada que inicia a eso de las 8:00 a.m. y  no se pueden ir hasta lograrla. Casi siempre lo consiguen.

"Hay gente que no da nada. Otra que sí y nos regalan cosas", me comenta el más pequeño, y le creo. El chico de gorra saca un teléfono y me muestra un par de vídeos que había hecho ese día en la calle.

"Aquí está el muchacho que siempre nos molesta ", me dice, como si yo fuese algún policía. Es un joven más grande. El muchacho los persigue. Les lanza cosas. Me dice que intentó quebrarle el celular.

"¿Y por qué te lo quiso quebrar?", le pregunto y me dice un par de disparates para que le crea. "Es que mire, la verdad, es que nosotros nos burlamos de él", me confiesa y termina por decirme que todos son primos. La familia entera trabaja en aquél semáforo. Sin ese alto, sin ese tráfico, sin esas monedas que los conductores les dan de mala gana, probablemente esa familia estaría en cualquier otra parte, intentando sobrevivir. 

Antes de irme, les digo que soy profesor. Que trabajo en una pequeña escuela y que por ahí tengo un par de juguetes. Les prometo que regresaré la semana entrante para dárselos, y les pido de favor que no se expongan, que tengan cuidado y que sigan estudiando: que solo a través del estudio van a llegar a ser verdaderamente admirables. Pero ya pasaron dos semanas y no los he visto por ninguna parte. El semáforo sigue tan lleno de gente como me lo encontré aquél día, pero de estos dos niños ya nadie ha sabido darme parte.  

sábado, 13 de agosto de 2016

La memoria histórica que el FMLN olvida



Masacre de la Zona Rosa, donde 13 personas perdieron la vida

Encontré en el semanario “El siglo XXI”, medio oficial de comunicación del FMLN (aquí un ejemplar) una sección llamada “Memoria Histórica”, un espacio destinado a mantener el recuerdo de los abusos perpetrados por los cuerpos represivos del Estado durante la década de los 80. 

Es muy frecuente encontrar notas de las violaciones de los Derechos Humanos durante el conflicto armado en muchos medios de izquierda, como si éstas debieran mantenerse presentes en las actuales y futuras generaciones. Sé que el conocimiento de nuestra historia es importante pues nos permite reflexionar sobre ella y hacer lo posible por no cometer los mismos errores, pero me pareció injusto encontrar siempre el recordatorio de las víctimas de un bando y la completa invisibilidad del otro.
Me pareció interesante investigar sobre la historia de los “otros asesinados”, es decir, aquellas víctimas que no murieron a manos de los cuerpos represivos del Estado, sino a manos de la misma guerrilla. El plagio y posterior asesinato del empresario Ernesto Regalado Dueñas, en 1971, ¿acaso no es parte de nuestra memoria histórica? ¿Y qué decir, también, del asesinato del doctor Carlos Alfaro Castillo, rector de la Universidad de El Salvador en el 1977? ¿O cómo olvidar al Fujio Matsumoto, presidente de SINCA, quien fuera encontrando muerto en el cerro San Jacinto meses después de haber pagado una fuerte suma de dinero para su rescate?
Podría mencionar también algunos casos de profesionales, obreros y campesinos. En 1979 fue cruelmente ametrallado el Ministro de Educación Dr. Carlos Herrera Rebollo, cuyo hecho se atribuyó a las FPLEntre 1985-1988 la Comandancia General del FMLN aprobó las ejecuciones sumarias contra más de 10 jefes edilicios  por considerarlos "enemigos de la revolución". El 7 de abril de 1980 siete miembros de cuatro familias fueron asesinados por militantes de las FPL en el cantón El Carmen, departamento de Cuscatlán. También, el 9 de agosto de ese mismo año, 26 miembros de cuatro familias campesinas fueron asesinados en el Plan El Manzano, Dulce Nombre de María, Chalatenango. Entre los muertos se encontraron 24 hombres, una mujer y una niña. Dos meses después, en octubre, 14 campesinos del cantón El Sitio, Ilobasco, también fueron asesinados por extremistas. Según informes de La Prensa Gráfica, medio que consulté en la hemeroteca de la UCA, se señalaron como responsables a las FPL.

Y podría continuar así a lo largo de esta publicación, incluso, mencionando casos que no alcanzó a registrar la Comisión de la Verdad. Muchos pastores evangélicos, maestros,  jóvenes, ancianos, niños. ¿Haríamos bien ocultando estos hechos en nuestra memoria como país? ¿Será que esta clase de historia le resulta incómoda a mucha gente de izquierda? ¿Por qué el FMLN histórico jamás sentó una postura con el sonado caso de Mayo Sibrián, conocido como “el Carnicero” de la Paracentral, victimario de más de trescientos de sus mismos compañeros revolucionarios? Entiendo que en una guerra se llega al paroxismo, pero no solo el ejército disparó sus balas contra civiles, sino muchas organizaciones de izquierda en tantos casos que no alcanzarían a mencionarse en esta publicación; y el hecho de que no se digan, que no se promocionen, no significa que no existieron, que no sean igual de fuertes, igual de válidas en nuestra historia como país. Esa historia también conviene no olvidar.
No pretendo justificar con esto las masacres perpetradas por las Fuerzas Armadas y los Escuadrones de la Muerte financiados por la extrema derecha, pero, más allá de la imagen romántica que la literatura de izquierda nos ha tratado de vender durante todos estos años, existieron muchas violaciones a los derechos humanos por parte de la guerrilla salvadoreña, y que no se recuerden, que no se promocionen de igual modo que lo hace la izquierda con su versión, no significa que no se dieron. Si vamos a hacer uso de la Memoria Histórica, que sea de forma útil y responsable. Entendámosla como una herramienta de reafirmación de nuestra identidad y no como un objeto manipulable para mantener abiertas las heridas que intenten reivindicar las “luchas” de un partido político. 

miércoles, 22 de junio de 2016

La desvalorización pública de la educación

Mis estudiantes, en una actividad en el aula.

Juguemos a suponer:

Supongamos que a la gente le interesa la cultura y la educación. Se nos dice que el futuro del país es nuestra niñez y juventud, y que de su formación depende no solo nuestro desarrollo económico, sino nuestro bienestar social. Se nos ha enseñado que la escuela es importante. Que los maestros son agentes de cambio, y que un libro, una hora de clases, un examen no es un gasto, sino una inversión.

Supongamos que creemos esto y hacemos, todos, de la educación nuestra principal apuesta como país. Exigimos que el PIB destinado a este rubro asciende del 3% a un 6%, y que esperamos a que llegue al 7.2 % como lo tiene actualmente Costa Rica. Imaginemos que creemos en la apuesta de los políticos, y que los partidos acuerdan una política pública educativa, no de gobierno, sino de Estado y de largo plazo, que se respete y se fortalezca, teniendo como objetivo el seguimiento de procesos que nos encaminen a formar un mejor salvadoreño.

Si aún esto no fuera posible por parte de los políticos, sigamos imaginando: los principales medios de comunicación añaden en sus agendas programas culturales, temas de investigación educativa, antropología, historia, literatura y medio ambiente. En los periódicos de principal circulación se promueve durante todo el año la lectura, la escritura, las ciencias naturales y exactas, la agenda cultural de y para niños y jóvenes. Que existan programas de debates donde se den cita maestros, artistas, deportistas, políticos, investigadores educativos, estudiantes y padres de familia que hablen sobre sus principales hallazgos y logros en materia de desarrollo social y cultural.

Supongamos que la educación no está en tercer o cuarto plano en la sociedad salvadoreña. Presumamos que nos tomamos en serio aquello de “la violencia se previene con deporte y educación”, o lo de “un atleta más es un delincuente menos”. Digamos que creemos en eso y que como obreros, profesionales, empresarios, organizaciones sociales nos damos a la tarea de poner sobre la mesa el tema educativo como punta de lanza para combatir nuestros principales problemas sociales.

Hagamos como si los temas educativos nos importaran tanto como le importó a Cuba hace cincuenta años, o a Costa Rica, Chile, Singapur o Finlandia hace treinta y cinco. Presumamos que al gobierno, a los empresarios, a los medios de comunicación, universidades, organizaciones civiles, todos, sin excepción, creemos que mientras más se hable de temas educativos, que discutamos y promovamos lo crucial que es formar mejores salvadoreños, que se debata sobre las mejores estrategias para que los estudiantes alcancen el éxito educativo … mientras más cambios hagamos en nuestra actitud, más oportunidades de mejorar nuestra calidad de vida tendremos. Imaginemos, como dijo John Lennon, nada más.

Lastimosamente el cinismo de los políticos, la frivolidad del ciudadano promedio y la falta de sensatez a la hora de plantearnos estos temas hará que la siguiente semana la agenda mediática (incluso nuestros temas de conversación) regresarán a los espectáculos, el fútbol, a la seguridad social, a los temas políticos, etc.  En El Salvador, en realidad, la educación es un tópico más que los políticos y medios de comunicación nos recuerdan previo a las campañas electorales o cuando las gremiales de maestros protestan y demandan mejoras salariales.

¿Existen programas en radio o televisión que se dediquen a discutir temas educativos, de aprendizaje, de gestión escolar, estrategias de aprendizaje o de políticas educativas? Si es así, ¿usted los sintoniza? Pareciera ser que solo cuando se acerca la PAES o el Día del Maestro el tópico asoma en las redes sociales, en las telerevistas, en los noticieros y los periódicos. El resto del año "lo educativo" está ausente de la primera plana.

Quizás el fanatismo partidario nos obliga a pensar que todo lo que hacen "los otros" en materia formativa está mal. Quizá, sencillamente, a ningún gobierno le conviene tener a un pueblo educado, ni siquiera al mismo pueblo le interesa. Probablemente hay cosas más urgentes, más importantes, más inmediatas y menos complicadas que el "hecho educativo"; pero mientras sigamos ignorando que la escuela, el maestro, el salón de clases, la biblioteca, el teatro, y sus contextos y condiciones, son fundamentales y merecen la atención todos los días del año, El Salvador seguirá siendo un pequeño país subdesarrollado, más conocido por su violencia, corrupción e injusticias sociales que por su mérito cultural, científico, deportivo y educativo.

lunes, 11 de enero de 2016

Excusas para sentirse bien | Notas de la escuela




Cuando vi a los ojos de Roxana vi que de verdad tenía miedo. Gaby y Karen estaban a su lado, intentando abrazarla, pero Roxana estaba tan metida en su pupitre que tuve que acercarme y darle una palmadita en el hombro. "¿Qué le pasó?" le pregunté, haciéndome el ingenuo, pero uno sospecha, siempre sospecha lo que de verdad le sucede a sus estudiantes.

La historia es siempre la misma: amenazas de muerte, abandono de estudios, el extranjero como destino inminente.

Me limité a decirle que contaba con mi apoyo (si de algo sirve el apoyo de un profesor interino en uno de los municipios más violentos del país), y que si en algo podía ayudarle, que me lo dijera, que lo haría con gusto, pero Roxana sólo movió la cabeza y me soltó un "gracias profe" de pura cortesía.

"Lo bueno es que te vas a reunir con tu mamá", le dijo Gaby. Karen, aún más dura, intentaba decir algo, pero se atragantaba con las palabras.

El resto del año el número 40 siguió vacío en mi lista de asistencia. No fue el único. El listado terminó con cinco espacios vacíos.

A mediados de septiembre, Karen se me acercó y me dijo: "Profe, Roxana ya llegó a Italia". "Ah, qué bueno" le digo, sin sentirme satisfecho. "Ojalá se sienta mejor allá", comenté. "Sí" dijo Karen, "Se va a conseguir un novio italiano". "Ojalá" le digo yo, y ambos nos quedamos callados.

La verdad, no encontramos otra excusa para sentirnos bien por ella. Uno tiene que encontrar excusas para sentirse bien en estos casos, y si no, inventárselas.

Apopa 2015

sábado, 28 de noviembre de 2015

Deserción escolar

El único error que cometió Cristian al salir del instituto fue acompañar a Sandra hasta la otra parada de autobús. Ambos sabían que esa cuadra (esos 150 metros aproximadamente) estaban prohibidos para Cristian, pero  la insistencia de la muchacha fue tal que, al final, el joven aceptó.

Todavía no habían llegado a la cancha cuando un cipote de unos 14 años les silbó, bajó corriendo hasta la calle y llamó a Cristian aparte.

Le pidió una cora.

-Fijate que no ando- le dijo.
-Vos no sos de aquí, ¿va?. Ya me dijeron que andás vacilando con los de allá arriba.
-No, vos, si querés revisame el teléfono. Yo no vacilo con nadie de allá arriba.
-La onda es que un día de estos te vamos a vigiar, ¿va? Ya no te quiero ver por estos lados, ¿va?

Cristian se encogió de hombros y se metió las manos a los bolsillos. El niño se dio la vuelta sin dejarlo de ver de modo amenazante.

Cristian regresó hasta donde estaba su compañera Sandra.

Cristian regresó triste.

-Yo creo que ya no voy a venir a estudiar aquí.
-¿Por qué? ¿Qué te dijo?
-No, nada, solo que ya no voy a venir para evitar problemas.

Y ya no dijo nada más.

Al día siguiente, la señora Morán llegó al instituto a retirar los papeles de su hijo.

Esto sucede en muchas escuelas de El Salvador.

Esto sucede a diario.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Tres factores que urge cambiar en las escuelas salvadoreñas

Desde hace unas semanas escribo un par de columnas en Mediolleno.com.sv. Hace poco me hicieron este vídeo. La mayoría de temas que trataré serán educativos, culturales y uno que otro político. Trataré de compartir algunos de estos textos aquí.


miércoles, 7 de octubre de 2015

Sobre los "Alfredo Prieto" que tenemos en El Salvador

Alfredo, salvadoreño de nacimiento, emigró a Estados Unidos en los ochenta. El 2010 se le condenó por tres asesinatos entre 1988 y 1992. Alfredo asesinó a Yvett Woodruff,  Rachael Raver y Warren Fulton. A Fulton lo asesinó con un disparo en la nuca. A Yvett y Rachael antes de asesinarlas, las violó. Prieto también era sospechoso de otros 6 asesinatos, entre ellos, el de Tina Jefferson y Manuel Sermeño. El estado de Virginia pidió, a California, su extradición para poder ejecutarlo. Alfredo Rolando Prieto murió con una inyección letal el 1 de octubre en el Centro Correccional de Greensville.

La defensa de Prieto y Amnistía internacional alegaron discapacidad mental de Prieto como un argumento para detener dicha condena. “El contacto de Prieto con la violencia durante la guerra en El Salvador y la falta de una nutrición adecuada por la pobreza de su familia contribuyeron a una gran disfunción cerebral que afectó su capacidad para el pensamiento abstracto y para controlar sus impulsos”, dijo en 2007 durante su juicio Ricardo Weinstein, un psicólogo que evaluó al preso bajo solicitud de la defensa.

Pero, no es Prieto el único salvadoreño condenado a muerte en EE.UU. Existen otros siete: Enrique Ramírez Umaña, Irving Ramírez, Julián Beltrán, Alexander Sorto, Gilmar Hernández, Héctor Medina Romero y  Manuel Ortiz. Todos salvadoreños de nacimiento que emigraron durante los ochenta. 

Luego de leer esto, me detengo y pienso: esto es lo que tenemos como país. Todos somos el resultado de muchos procesos, y lo que vivieron estos compatriotas fue solo el resultado de un medio desbordado por la violencia, muerte y nulas oportunidades para desarrollarse adecuadamente, que los inundó durante el conflicto armado, y que prácticamente es el mismo que vivimos hoy. Mi punto es: si somos el resultado de todas estas circunstancias, de la falta de una buena educación, de valores espirituales, de oportunidades para desarrollarnos como ciudadanos, con pocas oportunidades de empleos dignos, ¿no será que esto es solo una muestra de lo que vivimos como sociedad? No me voy lejos. Tenemos cientos de “Alfredo Prieto” en El Salvador. Un país con 7 millones de habitantes con un promedio de 24 asesinatos diarios, donde el 95% de ellos quedan impunes.

En pocas palabras, en muchas zonas del país mantenemos un buen caldo de cultivo para formar más criminales; y mientras no ataquemos el problema de raíz y frontalmente, mientras millones de niños sigan creciendo en comunidades controladas por criminales, sin una educación y alimentación adecuada, sin oportunidades de crecimiento y trabajo, sin una familia funcional, seguiremos engendrando a miles de salvadoreños como Alfredo Prieto, asesinos y violadores a sangre fría. Claro, Alfredo Rolando Prieto acaba de ser ejecutado, pero detrás vienen miles como él que buscarán emigrar “al norte” o quedarse en el país, y ahí seremos nosotros las víctimas de nuestra propia indiferencia y exclusión.

Reconozco los esfuerzos realizados por el CONNA, el INJUVE, pero no existe la voluntad ni la capacidad suficiente del gobierno, de los ministerios y otras dependencias del estado (como ANDA, que no garantiza un servicio eficaz, ni el MINED, que se preocupa más por que los niños tenga una computadora y no escuelas seguras, con recursos adecuados para una enseñanza de calidad), ni de la sociedad civil, ni de las mismas familias, para visualizar al niño y al adolescente como el tesoro más importante que tenemos como país. 

Es necesario otorgarles a nuestros niños y jóvenes las condiciones necesarias para que no terminen como Alfredo Prieto, para que crezcan en un ambiente libre de violencia, con oportunidades de desarrollo y con buena salud y formación. Aunque el gobierno no muestre resultados favorables en tal sentido, (que debería hacerlo, pues esa es su responsabilidad) yo hago todo lo posible por hacerlo desde mi profesión de educador. No me queda de otra, ¿y usted, amigo lector, hace la suya?

lunes, 27 de julio de 2015

Más allá del Festival del #BuenVivir



Entiendo al presidente cuando hace un llamado a ser optimistas, su interés por trabajar juntos, su afán por ayudar a estas comunidades con donativos médicos y agrícolas, pero lo que no me queda claro es su concepto de Buen Vivir. Lo logrado por el ejecutivo ha sido importante, pero considero que se ha dejado de lado lo importante y a la vez lo urgente. La seguridad del país es importante y urgente. Al menos yo, estoy cansado de vivir con miedo. Me cansa ver a mi gente vivir con miedo. Me estremece encontrar comunidades controladas por pandillas, saber que hay colonias donde se prohíbe la entrega de recibos de servicios básicos, lugares donde, incluso, se les ordena a las mujeres cambiarse el “look” .  

Buen Vivir, para mí, es vivir con la seguridad de poder desplazarme a cualquier colonia sin temor a ser interrogado o asesinado. Buen Vivir es poder iniciar un negocio con la certeza de no ser extorsionado ni amenazado de muerte. Un Buen Vivir es contar con instituciones de seguridad más confiables y fuertes. Buen Vivir no es solo entregar computadoras a los niños, sino procurar que esos niños, esos adolescentes, estén seguros y no sean obligados a integrarse a la pandilla.

Felicito al señor presidente por llevar estos festivales a cabo, pues sé que busca propiciar espacios para la convivencia en las familias salvadoreñas, pero una vez finalizado el acto, todo vuelve a la realidad, y el control del barrio vuelve a tomarlo la pandilla.

He leído el Plan El Salvador Seguro y he analizado cada uno de sus ejes. Tengo grandes expectativas para que todo eso se cumpla. Esperaría que dentro de un año, el negocio que está frente a mi colonia deje de ser extorsionado, que el señor que vende pan pueda volver a venderlo aquí, sin temor a ser asesinado porque viene de otra parte. Esperaría que mis estudiantes dejaran de desertar del instituto porque los amenaza la mara de esa zona. Me encantaría que todo eso se materializara y nuestros líderes actuaran con más contundencia contra estas estructuras de terror. No basta con robustecer la presencia del estado en los barrios y colonias, sino cortar, de tajo, todo el accionar e influencia de estas organizaciones criminales. Sé que no será fácil, y que se necesitará del apoyo de la empresa privada, ONG, y la ciudadanía en general, pero el ejecutivo debería comenzar por tener un rol más protagónico y mantener una postura más firme contra los delincuentes. Solo así lograríamos tener un verdadero Buen Vivir, más allá de festivales y donativos de momento. Un país que deje de vivir bajo la sombra  del miedo y dé paso a una sociedad más justa,  con más oportunidades y con una verdadera paz.  A eso le llamaría yo un verdadero #BuenVivir. ¿Podrá hacerse realidad en el país?

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