Estos últimos días han estado llenos de cosas peculiares. Primero, el viaje que emprendió mi hermano a tierras desconocidas. Segundo, los estados compulsivos de escribir y escribir, a raíz de la ausencia de él. Tercero, Van Gogh, que se acrecentó más con el artículo de Krisma acerca de Balthus y que encuentro estrecha relación con lo primero y segundo. A lo mejor cada uno de nosotros necesita tiempo para encontrarse consigo mismo, pensar, sólo pensar y olvidar, quizá nacer, no sé, pero aplaudo y envidio la aventura (o locura, o genialidad, tampoco sé eso) de David. El día que se fue no pude evitar pensar en Van Gogh como un genio incomprendido. Y todavía, mientras leo una y otra vez cada una de las biografías de Van Gogh, descubro que fue un tipo como todo el mundo, que se la vio a "palos", hiper sensible, y que, de algún modo, trataba de encontrarse así mismo, abandonando sus estudios, siendo misionero, enamorándose de quien no valía la pena. No sé si lo de la oreja sea rea...