Siempre me pasa lo mismo

Árbol de maquilishuat. El último en florear en las postrimerías de este verano

Pareciera que los días transcurren más rápido y que la firmeza del suelo hacen que mis piernas (y toda mi armazón) se sientan más seguros. Los días son más cálidos. Lo siento en la nariz y en los ojos, y en la agilidad de las personas que parece que forman un enjambre de banalidades.

Todavía no nos llega el invierno. Cuando llegue, lo sentiré también en la nariz: el olor de la tierra mojada me va a golpear con fuerza el tabique, y los deseos de no levantarme y querer trabajar en cualquier otra parte me va a asaltar... pero al final, terminaré por ponerme la armadura. Siempre lo hago. Siempre me pasa lo mismo.

Probablemente, será necesario guardar un poco de este calor en un pequeño horno, justo en medio del corazón, o de la conciencia. O tal vez, inundarme con otro tipo de agua, de esa que solo se saca de los mantos de la esperanza, y de las personas que uno más quiere y siempre tiene cerca.


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