miércoles, 22 de junio de 2016

La desvalorización pública de la educación

Mis estudiantes, en una actividad en el aula.

Juguemos a suponer:

Supongamos que a la gente le interesa la cultura y la educación. Se nos dice que el futuro del país es nuestra niñez y juventud, y que de su formación depende no solo nuestro desarrollo económico, sino nuestro bienestar social. Se nos ha enseñado que la escuela es importante. Que los maestros son agentes de cambio, y que un libro, una hora de clases, un examen no es un gasto, sino una inversión.

Supongamos que creemos esto y hacemos, todos, de la educación nuestra principal apuesta como país. Exigimos que el PIB destinado a este rubro asciende del 3% a un 6%, y que esperamos a que llegue al 7.2 % como lo tiene actualmente Costa Rica. Imaginemos que creemos en la apuesta de los políticos, y que los partidos acuerdan una política pública educativa, no de gobierno, sino de Estado y de largo plazo, que se respete y se fortalezca, teniendo como objetivo el seguimiento de procesos que nos encaminen a formar un mejor salvadoreño.

Si aún esto no fuera posible por parte de los políticos, sigamos imaginando: los principales medios de comunicación añaden en sus agendas programas culturales, temas de investigación educativa, antropología, historia, literatura y medio ambiente. En los periódicos de principal circulación se promueve durante todo el año la lectura, la escritura, las ciencias naturales y exactas, la agenda cultural de y para niños y jóvenes. Que existan programas de debates donde se den cita maestros, artistas, deportistas, políticos, investigadores educativos, estudiantes y padres de familia que hablen sobre sus principales hallazgos y logros en materia de desarrollo social y cultural.

Supongamos que la educación no está en tercer o cuarto plano en la sociedad salvadoreña. Presumamos que nos tomamos en serio aquello de “la violencia se previene con deporte y educación”, o lo de “un atleta más es un delincuente menos”. Digamos que creemos en eso y que como obreros, profesionales, empresarios, organizaciones sociales nos damos a la tarea de poner sobre la mesa el tema educativo como punta de lanza para combatir nuestros principales problemas sociales.

Hagamos como si los temas educativos nos importaran tanto como le importó a Cuba hace cincuenta años, o a Costa Rica, Chile, Singapur o Finlandia hace treinta y cinco. Presumamos que al gobierno, a los empresarios, a los medios de comunicación, universidades, organizaciones civiles, todos, sin excepción, creemos que mientras más se hable de temas educativos, que discutamos y promovamos lo crucial que es formar mejores salvadoreños, que se debata sobre las mejores estrategias para que los estudiantes alcancen el éxito educativo … mientras más cambios hagamos en nuestra actitud, más oportunidades de mejorar nuestra calidad de vida tendremos. Imaginemos, como dijo John Lennon, nada más.

Lastimosamente el cinismo de los políticos, la frivolidad del ciudadano promedio y la falta de sensatez a la hora de plantearnos estos temas hará que la siguiente semana la agenda mediática (incluso nuestros temas de conversación) regresarán a los espectáculos, el fútbol, a la seguridad social, a los temas políticos, etc.  En El Salvador, en realidad, la educación es un tópico más que los políticos y medios de comunicación nos recuerdan previo a las campañas electorales o cuando las gremiales de maestros protestan y demandan mejoras salariales.

¿Existen programas en radio o televisión que se dediquen a discutir temas educativos, de aprendizaje, de gestión escolar, estrategias de aprendizaje o de políticas educativas? Si es así, ¿usted los sintoniza? Pareciera ser que solo cuando se acerca la PAES o el Día del Maestro el tópico asoma en las redes sociales, en las telerevistas, en los noticieros y los periódicos. El resto del año "lo educativo" está ausente de la primera plana.

Quizás el fanatismo partidario nos obliga a pensar que todo lo que hacen "los otros" en materia formativa está mal. Quizá, sencillamente, a ningún gobierno le conviene tener a un pueblo educado, ni siquiera al mismo pueblo le interesa. Probablemente hay cosas más urgentes, más importantes, más inmediatas y menos complicadas que el "hecho educativo"; pero mientras sigamos ignorando que la escuela, el maestro, el salón de clases, la biblioteca, el teatro, y sus contextos y condiciones, son fundamentales y merecen la atención todos los días del año, El Salvador seguirá siendo un pequeño país subdesarrollado, más conocido por su violencia, corrupción e injusticias sociales que por su mérito cultural, científico, deportivo y educativo.

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