miércoles, 13 de agosto de 2014

El difícil reto de los sistemas educativos integrados

Imagen del colatino.com

Hace unos meses leí sobre el modelo pedagógico de Sistemas Integrados en las Escuelas Inclusivas de tiempo pleno, y me pareció un plan ambicioso, con miras a activar la participación ciudadana a partir del trabajo coordinado de la familia, la escuela y la comunidad escolar. De hecho, esta ha sido una de las políticas que han recomendado varios entendidos en temas educativos, como lo son Juan Carlos Tedesco y Néstor López: activar la participación de la comunidad en el hecho educativo para nutrirse de ella y reforzar la socialización, cohesión e inclusión de la misma, con miras a mejorar la calidad en la educación en el país. 

En otras palabras: nos educamos mejor cuando hacemos de la educación un hecho participativo y social. 

Hasta el momento, este modelo se ha implementado en 400 escuelas, arrojando resultados heterogéneos (resultados que no pretendo valorar acá), pues cada comunidad posee condiciones únicas. Sin embargo, quiero señalar algunas condiciones generales que sí poseen la mayoría de las escuelas, y que serían un obstáculo a vencer para la implementación de este tipo de modelos en muchos centros escolares, especialmente del área urbana. 

1. Violencia y rivalidad de pandillas en las comunidades educativas 
 Un Sistema Integrado puede conformarse por 7 u 8 escuelas, pero en la realidad, ninguna de estas escuelas puede asistir a otra que sea controlada por la pandilla rival a la que procede. Es decir, al intentar trabajar con otro centro escolar, uno se topa con que los estudiantes no se pueden movilizar para compartir los recursos de ese centro educativo (este es el caso de la mayoría de los Sistemas Integrados de San Salvador). En municipios santuario como Apopa e Ilopango se legitima la presencia y liderazgo del pandillero. El Mined, poco o nada puede hacer al respecto. Se necesitaría de mucho diálogo y acompañamiento de las autoridades educativas y líderes de las comunidades para lograr que estos sistemas se integren en medio de las divisiones imaginarias de estos grupos delictivos. 

 2. Falta de recursos en los centros escolares 
Hasta hace unos días, el Ministerio de Educación no depositaba el bono de funcionamiento completo de muchos centros escolares. Para nadie es nuevo que el Mined tiene problemas de liquidez la hora de cancelar a los proveedores de los paquetes escolares, así como el constante retraso financiero y recorte presupuestario del que han sido objeto muchas escuelas. Hace unos días, la Directora departamental de educación del departamento de San Salvador mencionaba en un discurso que se tendrían que “hacer milagros con lo poco que se tiene en las escuelas”. Ante tal situación, muchos docentes, estudiantes y padres de familia se desmotivan, y perciben una desvalorización hacia la tarea educativa. Se espera una dotación de computadoras por cada niño, pero en la realidad, implementos de limpieza y recursos didácticos son cada vez más escasos en muchas escuelas. ¿Ayudará la nueva reforma fiscal para suplir estas y otras necesidades? Me gustaría pensar que sí. 

3. Nula inversión en capacitación y actualización docente
Mientras no se invierta en la formación y actualización de maestros, poco o nada impactarán estas reformas y modelos educativos a implementarse. Mientras no se les motive y se les valorare su trabajo, ningún modelo, ni plan, ni reforma educativa alcanzará sus objetivos deseados. Los buenos docentes hacen diferencia; y ante cualquier cambio, los docentes más actualizados y mejor formados podrán adaptarse y empoderarse de la política nueva en la escuela y en la comunidad salvadoreña. No se le puede pedir peras al olmo. Si no se cuenta con un cuerpo docente capacitado, actualizado, con herramientas suficientes y comprometido con los cambios, poco o nada se avanzará en esta clase de Sistemas Integrados. 

No pretendo ser pesimista, sino enfocar los obstáculos y deficiencias por los que atraviesa la educación pública salvadoreña. La mayoría de Sistemas Integrados podrían funcionar bajo otro contexto, con otras características y con más recursos de los que se tienen actualmente, pero la situación económica y niveles de violencia por los que atraviesa nuestro país, hace que esta clase de modelos sea un duro reto para los responsables por orientar la educación en El Salvador. Creo que todo comienza por ordenar la casa, y aprender a caminar antes de querer correr. Existen políticas que podrían implementarse mejor en otros contextos, pero la educación en el país tiene demasiados vacíos que primero deberían rellenarse para tratar de edificar algo sólido después, sobre todo, algo que vaya de la mano con la realidad nacional en la que vivimos.

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