lunes, 21 de octubre de 2013

Una forma de morirse lentamente

"Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, 
así una vida bien usada causa una dulce muerte". Da Vinci


He intentado morirme lentamente. Morirme de a poco, de a poquito, como los náufragos o los moribundos en medio del desierto. Morirme a cuentagotas. Una vez un amigo se murió por un puyón en el estómago. Tardó dos días en morir. Fue feo, pero preferiría morirme más lentamente. Me la pasaría, de seguro, pensando en las cosas que dejo inconclusas o en todas las cosas que dejé de hacer por miedo a fracasar o por temor a equivocarme. Porque morirse de golpe, así, abruptamente, es como cerrar un libro a medio capítulo, como echar a perder un buen orgasmo, como olvidar algo valioso a medio camino.

Quiero morirme lentamente porque no me gustan las prisas. Me gustan los instantes. Los momentos. Me moriría así justamente para saborearlos y mirar cómo se me escapan los segundos de la vida. Los hombres, sin lugar a dudas, somos algo efímero. Un instante. Casi un sueño.


2 comentarios:

Yigael dijo...

yo no viejo, a mi me gustaría morirme no tan lentamente, pero tampoco por sorpresa, el tiempo suficiente para recriminarme lo que no hice y gozarme en lo sí hice. Pero no lo suficiente para revolcarme en todas las posibilidades que no ocurrieron. Morir, es dormir viejo, y tal vez soñar dice Shakespeare pero creo que el sueño termina con la muerte...

Ricardo Hernández Pereira dijo...

Loco, es nada más un texto.

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