miércoles, 2 de octubre de 2013

De la necesidad de un sistema de evaluación docente: ¿cuál es el miedo en el sector público?

A muy poca gente le gusta que la evalúen; de hecho, quizás a nadie le gusta, y esto se debe a que la evaluación, como tal, está asociada a acciones de carácter punitivo. La gente piensa que si la evalúan es porque la quieren echar, o si la evalúan le van a sacar los trapos al sol y eso no a todo el mundo le agrada. Si utilizamos la evaluación como un proceso para desechar y no como una oportunidad de crecimiento, entonces, seguiremos cometiendo los mismos errores y perderemos valiosas oportunidades para mejorar nuestra praxis docente y los resultados educativos en nuestros jóvenes. 

La evaluación no debería ser vista como el monstruo debajo de la cama sino como el espejo que necesitamos para ver nuestro desempeño y ser, así, mejorar nuestro desempeño docente. Con mis estudiantes practicamos una dinámica al respecto. A dos de ellos se les dibuja un animal en el rostro sin que ellos sepan de qué animal se trata. Pasamos a preguntarles qué animal creen que tienen en dibujado en el rostro. Ellos hacen preguntas y los demás les dan pistas, y así sucesivamente hasta que llegan a la respuesta correcta. Entonces nos preguntamos ¿no hubiese sido más fácil haber contado con un espejo que nos reflejara las marcas que teníamos dibujadas? Evaluar no solo nos permite ver nuestras dificultades, sino también nuestras virtudes y oportunidades; de hecho, a través de la evaluación nos damos cuenta de aspectos y cualidades que desconocíamos de nosotros mismos. Solo a partir de ahí podemos iniciar un nuevo proceso de crecimiento. Solo a través de la evaluación y una intervención oportuna, podemos cambiar lo que hacemos mal, y mejorar lo que podemos hacer todavía mejor. Por ejemplo, quizás, un maestro de tercer grado no sea tan bueno en el desarrollo de actividades artísticas, pero sí cuenta con un carisma entusiasta que contagia a su grupo de estudiantes durante las actividades deportivas. Corresponderá a él y a su institución mejorar las áreas más deficientes en su desempeño. Para esto es necesaria la evaluación del desempeño docente. Por eso es necesario que se evalúen periódicamente a los maestros de los centros escolares: para mejorar sus acciones, para acompañarlos en la tarea de enseñar y para hacer efectivas las acciones de las reformas y planes educativos que se tengan en el futuro: no olvidemos que son los mismos docentes los que las concretan, quienes las llevan a cabo y son el rostro del Ministerio de Educación. 

Los buenos maestros tienen un valor agregado en el desempeño académico de sus alumnos. Barbara Hunt, en Efectividad del desempeño docente (2009) comenta que existen informes que atribuyen hasta el 30% de la variación en los resultados de las pruebas estudiantiles, en un año, a los docentes. Esto quiere decir que el desempeño de los maestros está intrínsecamente ligado al rendimiento de sus estudiantes; sus logros y sus fracasos académicos, en cierta medida, llevan la firma indeleble de su profesor, no en un cien por ciento, pero la llevan. 

La evaluación, también, es un modo de rendir cuentas de nuestro trabajo. Si somos maestros por vocación y tratamos de dar lo mejor de nosotros en cada clase ¿qué problema habría en someter nuestra tarea al escrutinio de las autoridades del MINED, de los alumnos o de los padres de familia? Si los estudiantes de bachillerato son sometidos a pruebas de logros al finalizar su educación media, ¿no convendría someter a los maestros y directores a un proceso similar? Me refiero a que, si pretendemos mejorar los resultados de las pruebas nacionales, ¿no convendría comenzar por evaluar a todos los involucrados en el proceso educativo? Mario Rueda Belrán, en “La evaluación de la docencia en la universidad” (2004), señala que la evaluación, además de ser un proceso para mejorar la práctica docente, es un proceso de reflexión integrado para la toma de nuevas y mejores decisiones educativas. La evaluación del desempeño es un proceso continuo de formación que permite entender al mismo maestro desde su misma realidad. ¿No ameritaría, pues, tomarnos un tiempo para nuestro crecimiento profesional? 

Schwartzman y Cox en Políticas educativas y cohesión social en América Latina (2009), señalan que las capacidades y desempeños de docentes y de directivos de escuelas son el núcleo más duro en cualquier esfuerzo educativo, y que, por tanto, las políticas educativas deberían centrarse en las capacidades de los maestros, así como en los resultados de aprendizaje de sus estudiantes. En otras palabras, si de verdad consideramos la educación como algo importante, es necesario dedicarle el tiempo y los recursos suficientes para comprobar si ésta se produce eficientemente en la Escuela. Más allá del mero papeleo, liquidación de bonos y entregas de uniformes, se necesita verificar si los objetivos y procesos se cumplen exitosamente, se necesita saber si el estudiante, el fin de todo sistema educativo, se está viendo beneficiado en ello, es feliz y lo que aprende, lo aprende bien y lo está poniendo en práctica. Desde hace algún tiempo se habla de contar con docentes competentes y motivados, pero al asignar una plaza docente en el sector público, por ejemplo, no existe proceso riguroso de selección de personal. Es decir, técnicamente cualquiera puede ser maestro, siempre y cuando sea escalafonado, con cierto tiempo de haberse graduado y que habite en las cercanías del centro escolar donde presentó su solicitud; sin embargo, no existen pruebas objetivas para comprobar la idoneidad del aspirante, ni se solicitan recomendaciones profesionales de ningún tipo (Art 24 de la Ley de la Carrera Docente de El Salvador). 

A pesar de contratar a docentes bajo ningún control de calidad, el MINED, al menos, debería de enfocarse en evaluar anualmente el trabajo de los docentes que ya están en las escuelas públicas, no para molestarlos, sino para asistirles en sus necesidades, alejarlos del letargo de la rutina y motivarlos en la disciplina y exigencia que conlleva esta trascendental labor social. Los padres de familia y estudiantes deberían sumarse también a este proceso. 

La educación es una tarea demasiado valiosa como para desdeñarla, sobre todo, porque es una inversión social donde solo las mejores acciones, bien planificadas y ordenadas, nos pueden llevar a mejores caminos en el futuro. Son los maestros el primer modelo de estos planes. Entonces, ¿no cabría en la lógica vigilarla con más pasión, mejorarla y asistirla continuamente a través de una evaluación del desempeño docente?

1 comentario:

A.A.V.V. Tomas de Villanueva dijo...

En España el gobierno del partido popular (derecha) está recortando en presupuesto de educación, despidiendo a maestros, y subiendo las tasas que tienen que pagar los estudiantes en la universidad, los enfermos de cáncer y otras enfermedades crónicas tienen que pagar, cuando tenemos la sanidad publica universal y gratuita, los hospitales los están privatizando, a las familias que no pueden pagar algunos meses su casa al banco, loa echan a la calle, los bancos se han quedado con el dinero de pequeños ahorradores-trabajadores y hay bastantes políticos imputados por corrupción y estafas, los sueldos los han bajado, los precios suben cada dia mas, las pensiones las quieren sibir al año 0´25%, la luz el gas agua y servicios básicos suben al años tres, y cuatro veces, el presupuesto a la investigación lo han reducido, casi hasta extinguirlo, y los jóvenes tienen que emigrar, por que no hay trabajo, y mientras hay una capa de ricos que cada día son mas ricos, y la pobreza se extiende por todo el país las ongs reparten comida a las familias, cada dia mas pobres.
yyyyy somos obstimistas, con la paciencia, y la no violencia ganaremos la batalla, las familias animan cada día mas a sus hijos a estudiar, los jóvenes ayudan, y los mayores colaboran,
ASÍ QUE ANIMO AMIGOS HEMOS VENCIDO AL MUNDO.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...