domingo, 6 de mayo de 2012

Me han dicho que soy insensible



El grito de Edvard Munch

Me han dicho que soy insensible, sin embargo, esa aseveración es relativa. Se pueden despertar sensibilidades en cualquier caso donde nuestra alma se sienta tocada. Puedo sentir, digamos, sensibilidad por un perro muerto, o sentirla igual por la caída de una hoja de almendro. Puedo ser muy sensible días previos a una pelea por estar a punto de golpear a una persona probablemente mucho más buena que yo. Puedo sentirme sensible con el paso del tiempo y por el destino (hay cosas que uno no puede explicarse); pero no tengo ni ganas ni tiempo para gastarlo en sensibilidades baratas, sensibilidades ajenas y sin sentido para mí. Solo digo que no quiero que me encuentren llorando por el último suspiro después de haber disfrutado tantos otros en tan buena compañía.

No quiero ser un hombre insensible para usted. Llámeme ermitaño o loco, pero insensible no, como le digo: esto es algo relativo. Hasta los locos ríen de hambre y lloran de sed; y los ermitaños se afanan en el olvido o son atormentados por sus reflexiones.
Yo transito todavía por este mundo, y este mundo está pintado del color del acero. ¿Qué un grito no puede ser interpretado como una risa, como llanto, o como una burla también? 

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