La Ultra Blanca y yo - Crónica desde Vietnam del Estadio Cuscatlán


12:00 m
La Final del torneo Apertura, la fiesta deportiva más apasionado del segundo semestre del año está a solo unas horas por comenzar. Afuera del estadio, el Cuscatlán, conocido popularmente como El Coloso, se arremolinan los aficionados blancos, los albos, la hinchada del Alianza, el equipo de la capital, con la barra más poderosa cuando se juega en casa: la Ultra Blanca.

La cerveza y carne es el menú principal. Hay cigarrillos, camisetas, banderas, pintura: todo para la ocasión. Estoy con David frente al canopi de Pílsener a la espera de Balmoris "El albo" Escamilla, el guía, el Virgilio que nos conducirá hasta el último círculo de la zona de Vietnam. Él trae los pases, y solo nos queda la esperanza de filtramos por una pequeña fila para apuntalarnos después en las gradas intermedias de Sol General y esperar a que inicie el encuentro, la última batalla.

1:30 pm
Cientos de aficionados ebrios se balancean en los graderíos. Cuando ven pasar a una mujer comienza el griterío: "culo, culo, culo, culo". Dependiendo de qué tan firme y segura se vea el ejemplar, así son las aspiraciones al manoseo de los aficionados.
A dos metros de nuestra grada dos tipo fuman afanosamente un puro de marihuana. El sol calienta. La cerveza se vende como el agua de los dioses, y en la cancha, las Reservas juegan su final. La hinchada se emociona y entonan el canto más sublime de todo albo, el: "Cómo no te voy a querer/cómo no te voy a querer...".
Hay victoria del Alianza. Los cachorros cumplen, y la barra lo celebra cantando.


2:30 pm
La Ultra Blanca hace su aparción. Trae bombos, cajas de vejigas y papel. Hay un tipo al que todos llaman "Macizo". Ese es quien dirije a los jefes de la barra. "Es fácil identificarlo porque es quien lleva el megáfono", me dice Balmoris "el albo". Inmediatamente se distribullen las vejigas, el papel, la viruta. Las cajas vuelan vacías por el aire y les caen a los que están abajo, desprevenidos. Entre esos, yo.
Comienza el "Movélo ultra/movélo ultra", que es una especie de mosh.
La ola está en su apogeo.

3:15 pm
Aparece el equipo albo, el Alianza, el goleador del FAS, del Firpo y del Águila. El público entero se exalta. Arden en deseos de ver caer al rival, de ver jugar a Fito, a Willer, a Sosa. Sus nombres se corean en lo alto de la barra y La ola está en su máxima plenitud.
Se entona el Himno Nacional de El Salvador, pero la Ultra no canta. La Ultra no es de este país. Ni siquiera es de este planeta. Pertenece a la tierra del elefante y el gol, al de la gloria, y el 70% del estadio es un jugador más. El árbitro está a punto de pitar el comienzo.

4:00 pm
"El árbitro es un pendéjo", me dice el tipo que tengo a la par. "Un pendejo, de seguro es del FAS". Abajo, mientras los jugadores hacen lo posible por meter la pelota en el marco contrario, la Ultra hace lo suyo: grita, salta, canta, empuja, escupe. Todo para hacer notar su presencia en el Coloso de Monserrat, para intimidar al árbitro, para desconcentrar a los jugadores rivales.

La barra del Metapán no se deja intimidar. Contraataca con cualquier buya o aplauso del acierto de su equipo. Una lluvia de algo que no me detengo a averiguar qué es, cae sobre una docena de hinchas. Un tipo en evidente estado de ebriedad empuja a medio mundo para que griten, para que hagan buya, para que apoyen al Alianza que se despelleja en la cancha. Por lo que se ve, los de Edwin "El bochinche" Portillo son un hueso muy duro de roer.

4:45 pm
La barra comienza con un "Movete equipo, movete, ya dejá de joder". El juego no convence. La grada está más violenta. Hay más tipos que bajan a empujar a otros porque los ven demasiado "tranquilos". Le cae agua al Policía, a los vendedores, a los fotógrafos, a los jugadores del Metapán. Unos minutos después, agentes del orden ingresan a bajar a un generador de desorden. La gente de la barra, sarcásticamente, les dedica un fuerte aplauso.

En una zona donde le 90% de los hinchas son morenitos, empieza a entonarse el "el que no salte, indio será, el que no salte, indio será".
El segundo tiempo ya se muere, y así de rápido se va el tiempo extra. Ninguna de las escuadras quiere ceder.

5:40 pm
Todo parece indicar que la final se decidirá por penales. La Ultra Blanca está cansada, sí; toca, grita, pita, se mueve, pero está agotada. Más de 90 minutos bajo el intenso sol, el agua, y los empujones hacen que el cuerpo le pasa la factura. Ya casi oscurece. El árbitro está por pitar el final. Un dejo de esperanza se refleja en los ojos de los albos.

5:50 pm
La presión queda sobre Fidel Mondragón, meta del Isidro Metapán y Rafael Fuentes. La tensión pudo más en el tiro de Juan Blanco Cruz, que termina yéndose por arriba de la portería. La barra calera es la única que lo grita.
La esperanza vuelve para los albos del Alanza con la tapada del tercer tiro por Rafa Fuentes. Ahora hay un empate. La Ultra lo celebra con locura.
El turno llega para el goleador del Alianza, Rodolfo Zelaya, que se para frente al balón. A Fito se le mira dudar. El arquero del Metapán tiene presencia. Pero Fito golpea la pelota y el esférico roza una de las manos del guardameta. La balón se desvía y golpea el travesaño. No es gol.
Los azules lo gritan, sólo su sector salta al mismo tiempo. "El bochinche" Portillo salta de la alegría. Fito golpea nuevamente al balón, lamentándose. La batalla estaba casi perdida.

El tiro decisivo, el último del partido, le corresponde al veterano Emerson Umaña. En sus manos esta en trinfo del visitante de occidente. El jugador azul se para frente a la pelota. Le pega mal, horrible, la pelota llega lentamente a las redes. Es gol, y eso es todo para despachar al Alianza.
Después de eso, todo fue silencio. Edwin Portillo, cual si fuera José Mourinho, se lanza a la cancha señalando, desafiante, a la afición alba. Todo el estadio le responde cantando: "Cómo no te voy a querer/cómo no te voy a querer/cómo no te voy a querer si te llevo dentro de mi corazón".

Ahora todo es historia.

6:00 pm
Balmoris llora. Los aficionados albos lloran. Todos salen del estadio casi a la misma vez. No quieren ver cómo el Isidro Metapán recibe su quinta copa. La Ultra Blanca tiene su orgullo despeñado, y la gente sólo camina y se lamenta. "Al menos llegamos a la final" dice uno.
"El otro año será" dice el otro. "Quizá", dicen todos.
"Quizá", digo yo. Sólo quizá.




Fotos cortesía de Balmoris Escamilla.

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