miércoles, 21 de abril de 2010

Uno de los maestros asesinados en San Juan Opico era mi compañero Tomás

Recibí hace 5 minutos un correo de mi compañero y amigo Saúl Baños, abogado de FESPAD y catedrático de la UPED, informándonos que uno de los maestros asesinados en San Juan Opico era nuestro compañero Tomás Valdizón (Tommy).

Su correo dice así:

Muerte de estudiante ejemplar de la Universidad Pedagógica de El Salvador

Tomás Antonio Gómez, uno de los profesores asesinados en San Juan Opico, ayer 19 de abril, estaba cursando Seminario de Graduación, en la Universidad Pedagógica de El Salvador. La última vez que platiqué con él fue la tarde del sábado recién pasado -17 de abril-. Ese día me comentó que estaba ansioso por iniciar su tesis que le permitiría obtener el título de Licenciatura en Educación Especialidad en Idioma Inglés.

Conocí a Tomás, en el interciclo 03-09, sacrificó todos los sábados y las mañanas de los domingos de diciembre 2009 y enero 2010, para cursar su última materia de la carrera. Hombre de bien, era muy dado a la conversación y a la sonrisa fácil, alegre, de muy buen humor, sumamente respetuoso, con un enorme don de gentes. Era de los primeros en llegar a la clase que iniciaba a las siete de la mañana, pese a que viajaba desde San Pablo Tacachico. Me comentaba que llegaba muy temprano porque dormía poco.

Aparte de trabajar como profesor, administraba un pequeño cyber café en su pueblo.

Uno de esos fines de semana en que tuvimos clase, llegó acompañado de su hijo de 12 años; lo llevó a clases pues al terminar, le compraría un par de zapatos deportivos.

A estas horas de la noche, en que escribo estas líneas, estarán velando a Tomás. Pienso en el desgarro del corazón que estará sintiendo su hijo y demás familiares.

No podemos ni debemos ser indiferentes ante estos lamentables hechos.


No puedo sentir más que lo esperado: indignación y rabia. Quizá, más allá de dolor siento asco. Asco por toda la escena: Tomás, un tipo genial (no sabría describirlo de otro modo) vivía ansioso por terminar su licenciatura. La mayoría de conversaciones versaban en ese tema: graduación, título, realización como profesional. A igual que Baños, conocí a su hijo. Compartimos al siguiente día un almuerzo frente al redondel José Martí. Volvimos a vernos ocasionalmente en el campus este año. Hoy veo que lo encontraron en un cañaveral, atado de manos y con una venda en los ojos, con un disparo en la cabeza al igual que otras dos compañeras más.

Tomás, de camisa celeste en primer plano, minutos antes de iniciar una exposición con el Lic. Baños

Pienso en Tomás, en lo que habría pasado en esos instantes, en lo que se le habrá ocurrido decir, en las cosas que habría pensado: su mamá, su hijo, su negocio, etc.

Hoy Tomás está muerto, y siento una impotencia parcial. Podría decir "qué lástima, se murió Tomás", pero eso no me cuaja. Me pregunto ¿cuántos Tomás vamos a necesitar para levantar una sóla voz de indignación como gremio y como sociedad?, ¿cuántos catedráticos, decanos o rectores esperaremos a que sean asesinados para expresar nuestros reclamos, nuestra ira?, ¿hasta cuándo se tomarán medidas más drásticas para poner fin a la situación que vive el país? ¿Será cuando secuestren a un Simán o a un Eserski? Sería magnífico que la Universidad Pedagógica de El Salvador, las Gremiales de Educación, el MINED y los Estudiantes tomen cartas en el asunto. Aquí y aquí hay un inico de eso. Ya basta de seguir quitándole la vida a gente de bien. A profesionales que como Tomás está ansiosos por servir bien a este país y formar gente de provecho.

1 comentario:

marelyramirez dijo...

El martes por la mañana, que supe la noticia, no lo podia creer, no me cabe en la mente la idea que alguien pudiera hacerle un daño asi, a Tomasito, un hombre ejemplar. Un gran maestro y amigo, creo que aunque haya muerto el legado que el deja vivira por siempre en la mente y corazon de cada uno de los que tubimos la dicha de conocerlo

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