Sobre la ofensiva de las maras, el correo y la histeria colectiva


Era media mañana cuando escuché el rumor. La ofensiva final de las maras había iniciado. La presencia policial en las calles alimentaba mi morbosidad habitual, y los retenes, radiopatruyas, policías a pie, a caballo y en bicicleta hacía que mi cerebro apostara a que ese día sería inolvidable.

A medida que transcurrió el día me enteré de que lo mareros se habían "tomado" San Marcos, Apopa, Ciudad Delgado y Soyapango. Algunos se habían parapetado en las aulas y algunos edificios de los centros educativos y amenazaba con volarlo todo si no se les cumplía lo que exigían. Oficinas, centros escolares y negocios habían cerrado desde muy temprano. El tráfico había enloquecido y mi teléfono celular no había dejado de sonar.

La histeria se apoderó de todo mundo.

Había enfrentamientos entre pandilleros y la Policía Nacional Civil en las avenidas cerca de Catedral. Los "marosos" se había tomado ya el centro de San Salvador y habían asaltado la Despensa de Don Juan. En San Martín se había puesto estado de sitio y a partir de las seis de la tarde todo aquel que estuviera en la calle sería reclutado. Para esas alturas mis jefes habían acordado despacharnos temprano y despedir a todos nuestros clientes. La Universidad en la estudio se había cerrado.

Algunos pedían la cabeza de Mauricio Funes.

En mi casa reinaba la relativa calma. Los noticieros desvirtuaban los motivos el pandemónio. Todo se lo atribuían a un correo. Un correo!
Por un correíto!
La gente entró en histeria por un pinche correíto. Creo que el 911 recibió más llamadas de emergencias falsas en toda su historia desde su fundación.

Al fin y al cabo, resultó algo bueno de todo esto: me salvé del examen de Trigonometría.

La gente tiene una imaginación...

Hasta dónde hemos llegado!

Comentarios

Denise Phé-Funchal ha dicho que…
¿y qué se supone que era lo que pedían?
Ricardo ha dicho que…
eso es lo más estúpido de la cuestión, la mayoría de gente no sabía qué putas pedían.
me van a mandar el correíto ese, espero publicarlo aquí y en Blogotepeque

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