lunes, 18 de agosto de 2008

Hoy es (otro) buen día para morir

ESTOY en mi trabajo y acabo de posesionarme de la computadora tras esperar por ella tres horas y media. Al lado escuchan la "Fuego", y en estos instantes sale un anuncio suplicante, de una propaganda suplicante, con un candidato suplicante que hasta ya da miedo o lástima y tal vez ambas cosas. Estar aquí me da miedo, de verdad. Como cuando dicen que habrá un aumento, y lo más seguro es que sea de trabajo. O como cuando se oye decir "estoy cansado de los políticos que prometen y prometen" o por si fuera poco, casi de infarto : "quiero que estés ahí".
Últimamente las cosas aquí asustan. Lo sé. Todos saben. No faltará mucho para que las cosas estén de pánico. El Ministro de Educación preocupado por la sexualidad de bachilleres. Albapetroleos en el ojo del huracán (un huracán gordo, que usa el diafragma de una forma exagerada al hablar), mi almuerzo no tendrá papas hoy, necesito cortarme el cabello y no tengo dinero, cuesta que salga el sol (lo cual significa que la ropa no olerá tan bien) y siento que me falta algo.
En especial, cuando llego a la parte de "siento que me falta algo" como que no me dan muchas ganas de seguir existiendo.
Cuando llegan ese tipo de sentimientos dan unas ganas enormes de dormir. Quiero dormir. Quiero irme a descansar. Me acuardo de Alfonsina y el mar. ¡Qué hueva! Voy a necesitar un poquito más de acción para esta semana que inicia si no quiero morir de depresión.

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