miércoles, 21 de noviembre de 2007

Amo los mundos sutiles

Hay cosas extrañas en ciertos rincones de la vida. Soy del pensamiento que los primeros años de existencia marcan profundamente la personalidad de cada quien. Son esas experiencias (buenas, malas, curiosas) las que quedan marcadas profundamente, y no necesariamente las imágenes de esos sucesos sino las sensaciones en esos momentos. Lo que se siente cuando un niño más grande te lastima, o cómo te sentías mientras escuchabas esa canción, o te miraban de tal o cuál forma, o lo que se te vino a la mente al percibir un olor.

Esas sensaciones te persiguen durante toda la vida. A veces aparecen cuando uno menos se las espera, a veces sólo surgen de golpe, sólo surgen y se quedan por unos segundos, a veces pueden durar días, dependiendo de la magnitud de lo que remuevan o de la temporada. Ahí aparecen de pronto las "nostalgias" y surge una remoción del tiempo presente que es sustituído por un sol, una cara, un violín, una brisa, cualquier cosa que nos hagan olvidar los segundos que se mueren en el reloj. Por ejemplo: 1. Ver una máscara hecha de cartulina y decorada con plumones de agua = día de brujas. Máscaras hechas por papá. Sentimientos raros. 2. Ver y oler trocitos de madera en forma de cubos o pirámides = taller del abuelo. Casa de San Fernando. Martillo y serrucho. Sentimiento de seguridad y libertad 3. Tony Camargo = navidad. Abuelos pasando por el umbral. Júbilo 4. Volkswagen = primer auto de papá. Desperfectos a mitad de la calle. Alegría y Calor.

Los primeros años de vida determinarán el desarrollo mental y emocional de cualquier individuo. Sus aficiones, sus temores y fobias, dinámicas de pensamiento, todas esas primeras impresiones que son imposible borrarlas y nos acompañan hasta el final de nuestros días , y que uno no hace más que aprender a vivir con ellas, a veces por ellas, según cómo lo sirvan o qué sé yo. Nada más menciono las primeras sensaciones de vida, las más fuertes. No digo que las de juventud sean menos intensas, a lo mejor sean las que más recordemos últimamente, pero las primeras están mucho más arraigadas en el subconsciente.
Todo se reduce a eso: sensaciones. A veces se vuelven sentimientos si persisten en el tiempo.
Qué yuca.
El baúl de sensaciones añejas está ahí, esperando un estímulo, esperando quizá nada, esperando a que, quizá, sólo se transformen en un texto.

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