1986


Sandra fue siempre más alta que yo, aunque sólo me lleva medio mes. En esta foto estábamos viviendo en Mejicanos, y mi otra prima está en Estados Unidos, o Canadá, no sé muy bien. La cuestión es que de esos días no recuerdo nada. De los recuerdos más antiguos que tengo son de cuando tenía tres años y me constaba subir siempre a la cama. De esa camisa sí me acuerdo, aunque ya a los tres años no la usaba estaba siempre limpia en el estante de la ropa. Con mi otra prima convivimos bien poco, ella nos lleva un año, pero igual, la recuerdo como en la fotografía. Ella hacía que Sandra y yo hiciéramos las paces, nos prestáramos los juguetes y cosas así. Los brazos no sé de quiénes sean, quizá de nuestras madres, aunque tuvo que ser un domingo porque ellas siempre trabajaban y nos dejaban en la casa-mansión de los abuelos. No era exactamente su casa, era rentada, pero esa casa era grande y bonita. Yo me divertía jugando con los garrobos y las hormigas. Siempre me gustó (y me sigue gustando) jugar con las hormigas y los zompopos. Hay otro primo casi de nuestra edad, el "gringo" que venía a El Salvador de vez en cuando y con ese sí nos dábamos duro por los juguetes. (Bicho pendéjo) y que no ha vuelto a regresar porque le da miedo el ambiente aquí.
Mi abuelo nos daba trocitos de madera del que le sobraba de los trabajos y hacíamos casitas y serruchábamos y clavábamos (al menos yo), pero eso fue mucho después, cuando tenía cuatro o cinco años y ya no estábamos en mejicanos y yo ya vivía con mis papás.
Luego el abuelo murió a los siete años, y las cosas se pusieron extrañas porque ya no estábamos con él. Con él íbamos al parque infantil casi todos los domingos y nos compraba sandwiches y algodón de azúcar. Íbamos sólo los tres y llegar al parque era ya todo un logro. Cuando él murió recuerdo que en una de las casa de camino al funeral estaba sonando "Rapsodia bohemia" de Queen, me llamó la atención porque el inicio de la canción es bastante solemne y triste y creo que igual yo me sentía algo así. No nos dejaron ir al entierro y nos tuvimos que quedar a la entrada del cementerio general de Soyapango comiendo sorbete con unos tíos o primos, no sé bien. Yo esperaba escuchar gritos y llanto descontrolado pero donde lo enterraron estaba demasiado lejos de la entrada. Ahí conocí un montón de gente de la familia que nunca jamás había visto ni volvía a ver hasta hace unos años con la muerte de mi abuela. Esa fue otra cosa rara. Recuerdo que la única vez que me pegó mi abuela fue porque yo le había jalado el pelo a Sandra y recuerdo bien que me nalgueó a la entrada de la casa de San Fernando, no lo consideré justo puesto que le había hecho cosas peores y nunca me habían llamado la atención (cosas de las abuelas).
Ella me regalaba cositas como llaveros de biblias y llaveros de santos. El último regalo que recibí de ella fue un prendedor de corbata y lo último que me dijo fue que estaba mucho mejor en el hospital que en la casa (a señas, claro). Lo último que escuché de mi abuelo fue un regaño: "el hecho que me vaya a morir no significa que estés viendo televisión todo el día". En ese momento se me hizo tan parecido a mi mamá es todas sus facciones, el tono de voz y el hecho de aceptar lo inevitable.

Comentarios

Sandra ha dicho que…
Me encanta esa foto, pensé que ibas a postear la otra, donde aparecemos con menos ropa (los tres), jajaja, la verdad es que esa casa era chiva, la "mansión" de Don Alfonso (QDDG), qué tiempos!

Entradas populares de este blog

Lanzar los dados de Charles Bukowski

Tres poemas de Cortázar

Historia de los Terremotos en San Salvador, El Salvador