sábado, 28 de abril de 2007

Los Círculos

Antes que nada felicitar a Claudia Hernández por su trabajo y dedicación. Cosas como esa lo motivan a uno a esforzarce más y escribir mejor.
Esta semana platicaba con la Coordinadora de la especialidad de Lenguaje y Literatura de la UPES y nos proponía a mí y a otros compañeros conformar un "Círculo Literario" dentro de la universidad. Le pregunté que cuál sería la dinámica a seguir y me respondió que leer, escribir textos, comentarlos, discutirlos, tratar algún tema literario en especial, cantar, etc.
Lastimosamente no pudimos terminar la conversación y me quedé pensando en eso toda la noche.
Lo que primero comprendí fue que un "Círculo Literario" es eso: un círculo. Un ambiente cerrado donde gravitan casi siempre las mismas ideas y opiniones y donde (en ocasiones inconscientemente, en otras no) de alguna forma se compite. No digo que compartir opiniones, leer, hablar de literatura sea malo, eso se puede hacer sin ningún problema con los amigos en el cafetín, en el bus, en la biblio, pero un círculo literario es un círculo y la finalidad de un círculo literario no es profesionalizarse en el oficio sino existir.
Entonces, ¿por qué un círculo? Alguien tendría que tomar la batuta, alguien con la misma experiencia que sus compañeros, quizá menor. Habría desorden, desacreditaciones, desaciertos, preferencias. Desconozco a alguien que haya pertenecido a un círculo para hablar de su experiencia, pero un círculo, si bien ayuda a conocer y entender de literatura un poquito más, no ayuda a profesionalizarse.
Entiendo que para mejorar en el oficio debe existir un facilitador, un guía. Es decir, alguien que haya pasado por el mismo camino, por el mismo proceso y que entienda mucho más la tarea de escribir. Digo, un ciego no guía a otro. Y menos si lo que se busca es escribir bien.
¿Me explico?
Ese es el problema de muchos círculos: se ahogan en ellos mismos. Entonces, por qué la necesidad de crear uno, si se puede hablar de literatura en cualquier parte, con los amigos o conocidos que sean parte de esto. Nada más para que exista, y ya.

1 comentario:

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Creo que la palabra clave allí es "círculo", algo cerrado por definición y por simple geometría.
René Figueroa hablaba hace unas semanas de que la gente de La Casa es una "comunidad", y me gusta la palabra en dos sentidos:
1. Gente que tiene algo en común. No sólo es la literatura, el cine, la danza o el periodismo, sino una cierta actitud hacia las cosas.
2. Gente que es gente "común", no en el sentido clasista de "vulgar" que llega a usar el DRAE, sino gente a secas, que en este caso tiene intereses o gustos comunes y en común, que comparte.
Creo que la onda está también en las jerarquías: no hay jerarquías; a lo sumo, unos tienen más experiencia o un desarrollo más avanzado en cuestiones literarias, etcétera, y eso establece jerarquías naturales y móviles, no estructuras rígidas. Y no se trata de estructuras de poder, sino de conocimiento. Y en los círculos hay una jerarquía que está por encima de todo: el círculo mismo.
Hay normas para que "el círculo" viva y pervida por encima de sus miembros, y eso anula mucho de lo que puede haber de individual en los individuos. Y el arte es absolutamente individual y único, o no es nada.
No lo sé, porque no he estado en círculos, y sólo durante algunas sesiones en talleres "tradicionales", pero me da la impresión de que debe ser posible armar una estructura horizontal en la que no haga falta un "facilitador", que --como en mi caso-- lo que hace es ahorrar tiempo y dar algunas ideas. El problema es más bien la estructura que se escoja para la "comunidad", los objetivos (como siempre) y la concepción que se tenga de las cosas. Los libros allí están, y en muchos se habla del oficio, y en otros está demostrado cómo se usa el oficio (poemarios, novelas, libros de cuentos, etcétera). Y, sí, recurrir a los "mayores" que están vivos puede servir, y bastante (de hecho así me tocó a mí, que siempre anduve de pieza suelta), pero eso no garantiza que haya literatura o lo que sea. Sólo garantiza que hay una opinión que uno da por válida, y que sirve o no para cierta obra. Lo que sí me parece interesante es que esa opinión puede generar ideas, por sí o por no, y éstas a su vez llevar a nuevas ideas y a su concreción en una obra. Quizá el contacto directo pueda ser importante, pero no me parece que sea definitivo o definitorio (aunque parezca medio suicida lo que digo).
El "taller" que tenemos (en realidad es un montón de reuniones de gente común que tiene cosas en común, que tratan de diferentes temas y que se dedican a diferentes cosas) quizá sólo tenga de especial que se toma en serio el término en su primera acepción: "Lugar en que se trabaja una obra de manos."
Lo de "manos" es relativo, pero es cierto: escribes con la manos. Lo demás es más cierto: se trabaja. Si usas otra acepción ("Escuela o seminario de ciencias o de artes"), algo va a fallar: no veo que entre hacer literatura, ortodoncia, mecánica o lo que sea haya mucha diferencia; sólo se trata --si Marx me perdona-- de una división social del trabajo.
Esto es: lo importante no es el "círculo", sino el trabajo (y sus resultados, ejem).
Eso es lo que se me ocurre al leer tu post. Lo que en lo personal me da gusto es haber ayudado a que se reuniera gente bien interesante y que interactuara más allá de las diferencias de cualquier tipo, de sus intereses artísticos o vitales, y que no anden llevando La Verdad de un lado a otro, que es lo más frecuente en los círculos, y en muchos individuos que son círculos en sí mismo.
Ah: porque detrás del trabajo viene el respeto al trabajo, al propio y al ajeno.
Y yo me voy a almorzar. Hoy tenemos gente nueva.

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