Buses en llamas. Niños que se queman. El hierro se coce. Nadie parece oír, pero los huesos crujen. La gente lo sabe, y no es que no quieran escuchar. Es sólo que el sonido se ha vuelto tan cotidiano.
os escribo desde España, la barbarie no tiene nombre, aunque no comprendo la situacion lamenteblemente es una gran tragedia, lo siento. http://tomasdevillanueva.blogspot. com
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aunque no comprendo la situacion
lamenteblemente es una gran tragedia, lo siento.
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