martes, 26 de junio de 2012

De lo bonito de ser enseñante y tener estudiantes talentosas

Soy docente. Llevo siete años dando clases y no me quejo. Si hubiese seguido mis estudios de periodismo me consideraría también un buen periodista. Aún así, creo que hago bien mi trabajo, y que sobre todo, hago algo imprescindible: formar mejores personas.

La carrera docente es un gran compromiso. Tengo en mis manos los sueños y aspiraciones de 90 estudiantes. Todas muy lindas, inteligentes y talentosas (tanto que perturban) con habilidades artísticas increíbles, deportistas, ajedrecistas, actrices, músicos, cantantes, modelos. No exagero. Mis estudiantes son todo un caso. Entonces, me veo en la necesidad de potenciarles todas esas habilidades todavía más en el área literaria. Hago lo imposible para enseñarles bien. A veces me esfuerzo tanto que termino actuando como Don Quijote, hablando sobre Cervantes, Juana Inés de la Cruz, de Góngora y Cortázar. De lo loco que estaba Van Gogh y de lo bonito que dirigía Luis Buñuel.

Me he topado con tan buenas chicas que me entusiasmo por enseñar mejor. Tengo un Diario de Campo donde llevo mis apuntes de toda esta experiencia. Notas que me servirán en un futuro cercano para algunas propuestas pedagógicas que he comenzado a diseñar. Pero, ¡vamos! no todo es color de rosa. Uno de docente tiene que lidiar con muchísimos tipos de personalidades, pero ahí está la maestría: en saber dirigir a un grupo de estudiantes adolescentes que apenas saben lo que quieren hacer en su vida, algunas maleducadas y caprichiosas. Los padres de familia son otro caso muy especial.

Sea como fuere, me estoy divirtiendo de lo lindo. Estoy pasando situaciones muy enriquecedoras (buenas y malas) con mis aprendientes. Afilando estrategias de enseñanza, dosificando contenidos, ideando nuevos espacios de aprendizajes, elaborando exámenes y guías de trabajo divertidas. De hecho, hace algunas semanas presentamos una Feria de Artes donde cada estudiante trató de reflejar, a través de cualquier rama del arte, las ideas principales de un poema de Claudia Lars. A principios del años hicimos la dinámica "Yo soy el verdadero Drácula", luego de estudiar un poco a Bran Stoker. Hace un mes Herberth y Mario me ayudaron participando en un Café Literario. Hicimos concursos de máscaras griegas, sopa de letras, acrósticos, análisis literios, en fin, cosas con las que uno aprende mientras se divierte.

Por eso, creo que es mentira que los docentes seamos simples facilitadores de conocimiento. Los profesores no estamos exentos a mostrar lo nuestro, y como personas, no podemos evitar transmitir nuestras impresiones, revelar nuestros "trucos", brindar nuestros pareceres, crear condiciones y situaciones de aprendizajes. Los profesionales influimos en más de un 30% los resultados de aprendizaje de nuestros estudiantes. Por eso, me resultaría imposible cultivar en las alumnas hábitos de responsabilidad y disciplina si no los poseo y los demuestro yo.

Ser docente es una gran apuesta y conlleva una gran responsabilidad. A algunos les queda demadiado grande la camiseta, pero yo, desde mi trinchera hago todo lo imposible por construir mejores personas para que tengamos un mejor país.

Feliz día del maestro.


Francia y Frida de "Drácula"

3 comentarios:

JC Conde de Orgaz dijo...

"...me resultaría imposible cultivar en las alumnas hábitos de responsabilidad y disciplina si no los poseo y los demuestro yo..."

...Absolutamente cierto. Nadie da lo que no tiene. Es una alegría y un alivio saber que todavía hay docentes como tú. Te deseo éxitos en tu noble labor, Ricardo.

Saludos

JC

oscarperdomoleon dijo...

Felicitaciones, Ricardo.

Anónimo dijo...

Comparto su punto de vista con respecto a la docencia, felicitaciones por su entusiasmo que tanto hace falta en nuestra profesión.

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